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TRATAMIENTO
QUIRÚRGICO DE LA FRACTURA DE PENE. NUESTRA EXPERIENCIA
A. TEJIDO SANCHEZ, M.P. MARTIN MUÑOZ, F.
VILLACAMPA ABUA, J.M. DE LA MORENA GALLEGO, A. SUAREZ CHARNECO, O. LEIVA
GALVIS
Servicio de Urología. Hospital Universitario 12 de
Octubre. Madrid.
PALABRAS CLAVE:
Pene. Traumatismo. Tratamiento quirúrgico.
Actas Urol Esp. 23 (9): 784-788, 1999
RESUMEN
La fractura de pene es una entidad
clínica poco frecuente que se produce por la rotura traumática de la
albugínea de los cuerpos cavernosos. Presentamos nuestra experiencia en 9
casos atendidos en nuestro Servicio entre 1989 y 1998. La mayoría de los
casos se produjeron por traumatismos sobre el pene durante el coito,
siendo suficiente la presentación clínica y la exploración física para
su diagnóstico. El tratamiento llevado a cabo fue quirúrgico en todos
ellos, procediéndose a la evacuación del hematoma y posterior
reparación de la rotura con suturas reabsorbibles. El resultado estético
y funcional fue excelente en todos los casos. No hemos encontrado en el
seguimiento ningún caso de incurvación peneana, refiriendo todos los
pacientes una recuperación total de la función eréctil.
CONCLUSIONES :En nuestra
experiencia, el tratamiento quirúrgico de la fractura de pene ofrece unos
buenos resultados, con recuperación de la función eréctil de forma
completa, sin aparición de incurvaciones peneanas.
La fractura de pene es infrecuente
ya que el pene está bien protegido por su situación anatómica, y por su
gran movilidad. Sin embargo, durante la erección la túnica albugínea se
adelgaza, pasando de un espesor de aproximadamente 2 mm, a tener entre 0,5
y 0,25 mm. Asimismo, su fragilidad puede acentuarse por la presencia de
placas de fibrosis (enfermedad de Peyronie o secundarias a infecciones
periuretrales)1-3.
La causa más frecuente es el
traumatismo del pene durante las relaciones sexuales (entre el 33 y 58% de
los casos), siendo su presentación clínica característica. Se produce
un traumatismo con el pene en erección, pudiendo notar el paciente un
chasquido, con una rápida detumescencia. La exploración física muestra
un importante hematoma que suele estar limitado por la fascia de Buck2-4.
El tratamiento más aceptado es el
quirúrgico, con reparación inmediata de la lesión, aunque hay autores
que defienden el tratamiento conservador, mediante vendajes compresivos,
aplicación de hielo y administración de anti-inflamatorios, enzimas
proteinolíticas y fármacos para frenar las erecciones.
MATERIAL Y MÉTODOS
Entre 1989 y 1998 han sido atendidos
en nuestro Servicio 9 varones, con edades comprendidas entre 25 y 63 años
(media de 49), diagnosticados de rotura traumática de cuerpos cavernosos.
Todos ellos fueron tratados quirúrgicamente, de forma inmediata con
evacuación de hematoma y reparación de la rotura de la albugínea con
puntos sueltos de suturas reabsorbibles de tres ceros. Realizamos un
análisis descriptivo de los casos, con especial atención al mecanismo de
producción, la presentación clínica y, sobre todo, al resultado del
tratamiento realizado.
RESULTADOS
En 6 de los 9 casos (66%), la rotura
se produjo durante las relaciones sexuales, al golpear el pene erecto
contra la sínfisis de pubis de la pareja, debiéndose en otros 2 casos
(22%) a angulaciones excesivas del pene durante automanipulaciones y el
restante se produjo al darse la vuelta en la cama de forma brusca, con el
pene en erección. En 2 casos (22%), encontramos antecedentes de
patología peneana; uno de ellos presentaba una desviación peneana y otro
había sido diagnosticado de enfermedad de Peyronie.
La presentación clínica fue
similar en todos ellos, refiriéndose la audición de un chasquido en 5
casos (55%), con una detumescencia inmediata en todos ellos y posterior
aparición de un importante hematoma peneano. El dolor sólo se presentó
de forma importante en 2 casos, siendo ligero o no presentándose en el
resto. No encontramos ningún caso en el que apareciera uretrorragia,
aunque 1 paciente presentaba importante dificultad miccional.
A la exploración física, todos los
pacientes presentaban un hematoma en la localización de la rotura, o en
todo el pene. En 2 casos (22%) el hematoma se extendía a los genitales
por rotura de la fascia de Buck (Fig. 1).
FIGURA 1.
Desviación y hematoma tras fractura de pene. El diagnóstico fue llevado a cabo
en todos los pacientes mediante la anamnesis y la exploración física.
Únicamente se realizó ecografía en 1 caso para confirmar el
diagnóstico. En ella se apreciaba una disminución global del grosor de
la albugínea del cuerpo cavernoso derecho, con un área hipoecoica en la
zona basal, compatible con rotura. No se realizó uretrografía
retrógrada en ningún caso, por la ausencia de uretrorragia (Fig. 2).
FIGURA 2. Hematoma
en tercio proximal de cuerpo cavernoso derecho, sobre la zona de
rotura de la túnica albugínea. El tratamiento fue quirúrgico, de
forma inmediata, en todos los casos. Se colocó sonda vesical en todos los
pacientes de forma previa a la cirugía (tipo Foley 14-16F), de forma
cuidadosa, sin hallar dificultad en ningún caso. En 8 de los pacientes
(88%), la incisión fue circunferencial subcoronal (aproximadamente a 1 cm
del surco balano-prepucial). En el caso restante se optó por una
incisión longitudinal ya que el hematoma era de pequeño tamaño,
sospechándose una lesión poco extensa.
Tras acceder a zona de la lesión,
se procedió a evacuar, de forma completa, el hematoma perilesional,
identificando la solución de continuidad en la albugínea del cuerpo
cavernoso. La rotura fue unilateral en la totalidad de los casos, con un
claro predominio del lado derecho (8 casos) frente al izquierdo (1 caso).
La rotura fue transversal en todos los casos, localizándose en el tercio
distal en 1 caso (11%), tercio medio en 3 (33%) y tercio proximal en 5
(55%). La longitud de la rotura osciló entre 0,5 y 2 cm (longitud media
de 1,16 cm).
La reparación fue llevada a cabo
mediante la sutura de la albugínea con puntos sueltos de suturas
reabsorbibles de dos o tres ceros. Posteriormente, realizamos el test de
Gittes, comprobando que no hay desviación peneana. El cierre se llevó a
cabo, igualmente, con puntos reabsorbibles sin dejar drenaje. Finalmente
se colocó un vendaje compresivo, dejando el pene en posición elevada
(Fig. 3).
FIGURA 3. Reparación de la rotura de la túnica
albugínea con puntos sueltos reabsorbibles. El tratamiento se complementó con
cobertura antibiótica previa a la cirugía, mantenida durante las
siguientes 48 horas (amoxicilina + clavulánico) y anti-inflamatorios no
esteroideos. La sonda vesical se retiró a las 24 horas de la
intervención. La estancia media fue de 4,55 días, no presentándose
ninguna complicación.
En el seguimiento, todos los
pacientes conservaban la función eréctil, de forma satisfactoria, no
presentando ninguno de ellos deformidad del pene (Fig. 4).
FIGURA 4. Aspecto
del pene tras la cirugía. DISCUSIÓN
La rotura de pene suele tener una
presentación clínica característica; durante la erección, y tras un
traumatismo, el paciente puede notar un chasquido, con una rápida
detumescencia. El dolor puede ser intenso, aunque en algunos casos, al
igual que en nuestra serie, sólo se presenta un ligero malestar. La
detumescencia ocurre de inmediato, apareciendo un hematoma que suele estar
limitado por la fascia de Buck. En algunos casos esta fascia se rompe,
pudiendo llegar el hematoma al escroto, periné e incluso a la región
púbica2,5.
Según distintos autores, la lesión
uretral puede estar presente en aproximadamente el 10% de los casos3,
siendo sus manifestaciones la aparición de uretrorragia, presencia de
dificultad miccional o la imposibilidad para la colocación de una sonda
vesical. Hay que tener en cuenta que la dificultad miccional puede ser
secundaria a compresión uretral extrínseca por el hematoma, sin que se
haya producido lesión de la uretra6. Esto es
así en el único caso de nuestra serie que presentaba dificultad
miccional, consiguiéndose pasar una sonda vesical sin dificultad, no
presentando clínica miccional en el seguimiento.
En nuestra experiencia, la clínica
y la exploración física es suficiente para el diagnóstico de la rotura
de pene; sin embargo, se han propuesto la cavernosografía y la ecografía
como pruebas que ayudan al diagnóstico.
La cavernosografía se realiza
mediante la inyección de un contraste yodado en uno de los cuerpos
cavernosos, siendo diagnóstica la presencia de extravasación de
contraste en la localización de la fractura. Es una prueba sencilla, cuya
única contraindicación sería la hipersensibilidad del paciente a los
contrastes yodados. Su principal utilidad es ayudar al cirujano a
planificar la intervención, localizando la ruptura, detectando otras
pequeñas roturas que no se hayan manifestado clínicamente y excluyendo
comunicación con la uretra. Otra utilidad podría ser el descartar
cualquier anormalidad del pene, que le hiciera más proclive a la rotura,
o comprometer el resultado de la cirugía1,7.
Como inconvenientes se argumenta el
posible aumento de fibrosis que podría producirse en el área de
punción, y el no detectar pequeños extravasados. Además, hay que tener
en cuenta que puede retrasar la realización de la intervención
quirúrgica.
La ecografía se emplea en
ocasiones, para detectar roturas de la albugínea, que se apreciarían
como áreas hipoecoicas. Tiene la ventaja de su rápida aplicación y nula
agresividad. Sin embargo, su utilidad es limitada, ya que depende de la
habilidad del ecografista y no detecta pequeñas roturas.
Es importante reseñar la
importancia de la uretrografía retrógrada en el diagnóstico de la
lesión uretral asociada. Ya que ésta aparece hasta en el 10% de los
casos, creemos indicado su uso en el caso de pacientes con uretrorragia o
en los que haya imposibilidad para el sondaje8. Sin embargo, hay autores
que defienden su uso de forma sistemática, ya que es una prueba sencilla
y rápida de realizar, sin apenas morbilidad6.
En cuanto al tratamiento, el
quirúrgico es el más aceptado actualmente. Sin embargo, hay autores que
defienden el tratamiento conservador. Este tratamiento incluye el vendaje
compresivo del pene, aplicando compresas frías o hielo. Puede utilizarse
medicación para evitar las erecciones, como el diazepam, el dietilbestrol
o el nitrato amónico. Otros fármacos utilizados son las enzimas
proteolíticas como la estreptoquinasa (para disminuir la aparición de
fibrosis) y los anti-inflamatorios no esteroideos. También es
recomendable mantener una sonda vesical hasta que disminuya el hematoma9.
El principal inconveniente del
tratamiento conservador es la aparición de placas fibróticas en el pene,
lo que produce su angulación en la erección. En la literatura, esta
complicación se describe en hasta el 10% de los casos. Otra complicación
a tener en cuenta es la abscesificación del hematoma, lo que haría
necesario su drenaje quirúrgico, con el consiguiente aumento de la
incidencia de fibrosis. Asimismo, incluso en ausencia de complicaciones,
la estancia hospitalaria es más larga que con el tratamiento quirúrgico,
con una recuperación de la actividad sexual del paciente más tardía3,10,11.
En nuestra opinión, el tratamiento
de elección es el quirúrgico, llevado a cabo de la forma más inmediata
posible, lo que mejora los resultados.
Es conveniente colocar una sonda
vesical inmediatamente antes de la cirugía, no forzando en ningún
momento, ya que podría haber una lesión uretral asociada. Esta sonda
puede ser retirada a las 24 horas de la cirugía, siendo, además, de
utilidad para identificar la uretra durante la intervención, disminuyendo
el riesgo de yatrogenia.
Según la mayoría de los autores,
la incisión subcoronal circunferencial sería la más adecuada,
permitiéndonos un abordaje cómodo de la lesión, a la vez que nos
permite explorar el otro cuerpo cavernoso. La incisión longitudinal
dorsal puede ser suficiente, cuando se trate de una lesión poco compleja,
reciente, y con un hematoma de pequeño tamaño. De forma reciente, ha
publicado la utilización de una incisión inguino-escrotal en dos casos.
Esta vía pretende evitar el edema que podría comprometer la exploración
quirúrgica, disminuir el riesgo del compromiso vascular de la piel distal
del pene, y la aparición de cicatrices poco estéticas12.
Una vez liberada la zona lesionada,
es necesaria la evacuación del hematoma que podría infectarse, y la
sutura con puntos sueltos de material reabsorbible dos o tres ceros. No
creemos necesario el uso de drenajes.
En el caso de presentar una lesión
uretral, la mayoría de los autores recomiendan la realización de una
cistostomía suprapúbica, lo que evita la extravasación de orina a la
zona quirúrgica. Los resultados a largo plazo, en cuanto a aparición de
estenosis, son similares a los obtenidos con la reparación inmediata del
daño uretral2,3.
El uso de antibióticos previos a la
cirugía, y tras la realización de ésta, es controvertido; aunque sólo
está demostrada la utilidad de un ciclo corto de antibióticos de forma
profiláctica (tres dosis), siendo de elección en nuestra experiencia el
uso de beta lactámicos. Otras medidas a tener en cuenta en el
postoperatorio, son el vendaje compresivo del pene, manteniendo éste en
alto, el uso de anti-inflamatorios no esteroideos, y el uso de inhibidores
de la erección.
El tratamiento quirúrgico inmediato
consigue una rápida recuperación del paciente, con una menor estancia
hospitalaria, y una pronta reanudación de la actividad sexual. Asimismo
hace improbable la aparición de placas de fibrosis con incurvación
peneana y erección dolorosa. Los resultados son mejores cuanto antes se
repare la lesión, apareciendo las complicaciones en pacientes que
tardaron en demandar asistencia médica1,8.
CONCLUSIONES
El tratamiento quirúrgico de la
fractura de pene ofrece unos excelentes resultados. En nuestra
experiencia, la recuperación de los pacientes sometidos a cirugía
urgente fue rápida, no presentándose complicaciones en el postoperatorio
inmediato. Además, todos los pacientes recuperaron la función eréctil,
no apareciendo casos de desviación peneana en el seguimiento.
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Dr. A. Tejido Sánchez
Hospital 12 de Octubre. Servicio de Urología
Ctra. de Andalucía km 5,400
28041 Madrid
(Trabajo recibido el 22 Abril de 1999)
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