|
FRACTURA DE PENE. APORTACIÓN DE UN CASO A. RODRÍGUEZ ALONSO, A. GONZÁLEZ
BLANCO, E. CESPÓN OUTEDA, C. BONELLI MARTÍN, J. LORENZO FRANCO, M.Á.
CUERPO PÉREZ, J. NIETO GARCÍA
Servicio de Urología. Hospital Arquitecto Marcide.
Ferrol (La Coruña).
PALABRAS CLAVE:
Pene. Fractura. Cuerpos cavernosos. Tratamiento.
Actas Urol Esp. 25 (10): 765-769, 2001
RESUMEN
La fractura de pene es una entidad
clínica de presentación infrecuente, que en la mayoría de los casos se
produce por un traumatismo durante el coito. Afecta a uno o ambos cuerpos
cavernosos, y se acompaña de lesión uretral en un 10-38% de las
ocasiones. El diagnóstico es fundamentalmente clínico, aunque si existe
sospecha de lesión uretral, se recomienda la práctica de
uretrocistografía. En la actualidad la mayoría de los autores realizan
tratamiento quirúrgico precoz para evitar la aparición de secuelas
sexuales y urológicas, que tienen lugar en el 10-53% de los pacientes
tratados de forma conservadora.
Presentamos un caso de fractura de
pene que fue tratado mediante cirugía precoz, obteniendo buenos
resultados estéticos y funcionales.
Existen aproximadamente 400 casos de
fractura de pene publicados en la literatura mundial1,
aunque la frecuencia real de esta patología no se conoce con exactitud,
ya que existen muchos casos no publicados y probablemente bastantes
pacientes que no consultan por tratarse de una situación en ocasiones
embarazosa2.
El tercio proximal es el segmento
peneano más frecuentemente implicado en la fractura, que suele afectar a
un solo cuerpo cavernoso, aunque la rotura cavernosa bilateral es bastante
frecuente1. En un 10-38% de los casos existe una lesión uretral asociada2-4.
Presentamos una fractura de cuerpo
cavernoso derecho, en la que se realizó tratamiento quirúrgico precoz.
CASO CLÍNICO
Varón de 23 años de edad sin
antecedentes personales de interés, que acudió al Servicio de Urgencias
por traumatismo peneano ocurrido 2 horas antes, durante el coito. El
paciente relató la audición de un chasquido, acompañado de
detumescencia peneana y aparición inmediata de hematoma escroto-peneano.
A la exploración física se
observaba un hematoma que afectaba a pene, escroto y área pubiana.
Asimismo el paciente presentaba un dolor intenso a la palpación de la
cara derecha de la base peneana.
Con el diagnóstico de fractura de
pene se realizó exploración quirúrgica inmediata, efectuando una
incisión subcoronal circunferencial, con denudación del pene hasta su
base. Se identificó una laceración de la túnica albugínea, en la cara
ventro-medial del tercio proximal del cuerpo cavernoso derecho, así como
un hematoma adyacente a dicha lesión (Figs. 1 y 2). La línea de fractura
tenía una longitud de 2 cm y presentaba una disposición transversal.
Tras comprobar la ausencia de lesiones en el cuerpo cavernoso
contralateral y en el cuerpo esponjoso, se realizó evacuación del
hematoma y sutura discontinua de la lesión con material reabsorbible de
3/0 (Fig. 3). Se colocó una sonda Foley 16 Ch y por último se realizó
un vendaje peneano compresivo (Fig. 4).
FIGURA 1. Cuerpo peneano denudado hasta su base, con
laceración transversal de túnica albugínea. FIGURA 2. Fractura de cuerpo cavernoso derecho,
situada en la cara ventro-medial del mismo. FIGURA 3. Aspecto del cuerpo cavernoso derecho, tras la
sutura discontinua de la lesión con material reabsorbible de 3/0. FIGURA 4. Finalización de intervención quirúrgica. Se
observa la extensión del hematoma, desde el pene hacia el escroto
y la región púbica. El postoperatorio cursó con
normalidad. El vendaje compresivo y la sonda vesical se retiraron a las 48
h y el paciente fue dado de alta a las 72 horas. En la revisión efectuada
a los 3 meses, el paciente presentaba erecciones de rigidez normal, sin
dolor, ni incurvación peneana significativa.
DISCUSIÓN
La fractura de cuerpos cavernosos se
produce por un traumatismo, habitualmente cerrado, sobre el pene en
erección. La gran movilidad del pene fláccido se convierte en un
mecanismo protector frente a los traumatismos5. La túnica albugínea, que
en estado de flaccidez tiene un espesor de 2 mm, adelgaza hasta 0,5-0,25
mm cuando se produce una erección. Esta disminución de espesor se
acompaña de un descenso paralelo de la elasticidad, y un incremento de la
presión intracavernosa1,3-5,
y en consecuencia de una menor resistencia a la angulación. La fragilidad
de la túnica albugínea es mayor en determinadas situaciones
patológicas, como la enfermedad de La Peyronie4.
Un 33-58% de los traumatismos que
originan una fractura de pene ocurren durante el coito, por salida
accidental del pene de la vagina, y posterior contusión sobre el periné
o pubis de la pareja. Otros de los mecanismos traumáticos posibles son:
masturbación, intento de detumescencia manual, cambios de posición o
caídas de la cama con el pene erecto, y cualquier otro traumatismo que
tenga lugar sobre el pene en erección1,5,6.
Un estudio realizado por Franco de
Rose et al1 observó, que el 83% de los pacientes con fractura de cuerpos
cavernosos, tenían alteraciones histológicas de la túnica albugínea.
Estas alteraciones disminuyen la elasticidad y resistencia de dicha
estructura, haciéndola más vulnerable a los traumatismos. Según estos
autores, la mayoría de los pacientes que presentan una fractura de
cuerpos cavernosos están especialmente predispuestos a padecer esta
patología, ya que la presión que puede soportar su túnica albugínea es
mucho menor que una albugínea estructuralmente normal.
El cuadro clínico característico
de la fractura de pene consiste en: traumatismo peneano acompañado de la
audición de un chasquido, con o sin dolor acompañante, detumescencia
peneana inmediata, incurvación del pene hacia el lado contrario a la
fractura y aparición de hematoma genital, que en la mayoría de los casos
es exclusivamente peneano, ya que la fascia de Buck mantiene su
integridad1. El hematoma puede extenderse hacia el área escrotal,
perineal o hipogástrica, si existe una lesión concomitante de la fascia
de Buck, quedando entonces limitado por la fascia de Colles3
(Fig. 4).
La presencia de uretrorragia, sangre
en el meato uretral o retención urinaria, son signos altamente sugestivos
de lesión uretral concurrente. La existencia dificultad miccional no
implica necesariamente una afectación del cuerpo esponjoso, pudiendo ser
secundaria a una compresión uretral extrínseca, ocasionada por el
hematoma peneano.
El diagnóstico de la fractura de
cuerpos cavernosos es básicamente clínico: historia clínica y
exploración física3. En los casos dudosos se puede utilizar alguna
prueba de imagen como cavernosografía, ecografía o resonancia magnética
(RM). La uretrocistografía retrógrada o miccional es una prueba
especialmente útil, que creemos debe realizarse en aquellos casos con
sospecha de lesión uretral.
La cavernosografía es una técnica
invasiva, que no es posible realizar de forma urgente en la mayoría de
los hospitales, y que presenta una serie de complicaciones potenciales,
como fibrosis cavernosa e infección3,4.
La ecografía es una prueba no
invasiva, que permite visualizar el hematoma, y en ocasiones la fractura
cavernosa, observando en este último caso un área hipoecoica que altera
la continuidad de la túnica albugínea3-5,7.
Sin embargo, dada la escasa incidencia de la fractura de pene, la adecuada
interpretación de esta prueba sólo está al alcance de ecografistas
adiestrados, y tiene el inconveniente de que no permite detectar pequeñas
roturas4. Por ambos motivos, existe la
posibilidad de pruebas falsamente negativas3.
La RM ofrece una excelente
visualización de la porción pendular del pene, y en particular de la
túnica albugínea, constituyendo la técnica más fiable para el
diagnóstico por la imagen de la fractura de pene8,9.
Sin embargo se trata de una prueba de elevado coste, de la que no disponen
todos los hospitales3,7.
El diagnóstico diferencial de esta
patología debe establecerse esencialmente con la rotura de la vena dorsal
profunda del pene, que se produce por un mecanismo traumático idéntico y
se manifiesta clínicamente de forma similar2,3,5,7.
Hasta la década de los 70 el
tratamiento más habitualmente empleado para este tipo de traumatismo era
el conservador, basado en: cateterismo uretral, vendaje compresivo,
analgésicos, antiinflamatorios y antibióticos, empleándose fármacos
como diazepam o dietilestilbestrol para el control de las erecciones3,4.
Se ha descrito también la utilización de enzimas proteolíticos como la
estreptoquinasa, para intentar evitar el desarrollo de cicatrices
hipertróficas4.
La actitud conservadora ocasiona
secuelas en el 10-53% de los casos2,6,
tanto sobre la función sexual: disfunción eréctil, incurvación
peneana, erecciones dolorosas, como del ámbito urológico:
sobreinfección del hematoma peneano, estenosis de uretra, fístula
arterio-venosa, entre otras2,3. Otras
desventajas del tratamiento conservador son la mayor estancia hospitalaria
y la recuperación más tardía de la actividad sexual del paciente2,4.
A pesar de la elevada tasa de complicaciones observadas en la mayoría de
los estudios, existen autores que, con un seguimiento medio prolongado, no
encuentran diferencias significativas entre el tratamiento conservador y
el quirúrgico precoz, en cuanto a la incidencia de complicaciones6,10.
Actualmente la mayoría de los
urólogos abogan por un tratamiento quirúrgico precoz, consistente en
evacuación del hematoma peneano y reparación del desgarro albugíneo y
de las posibles lesiones asociadas3,4,10,11.
El abordaje quirúrgico más
ampliamente utilizado es la incisión circunferencial subcoronal, con
denudación del pene hasta su base. Esta incisión permite una fácil
evacuación del hematoma y reparación de la fractura albugínea,
facilitando asimismo una correcta exploración de ambos cuerpos cavernosos
y de la uretra, para descartar la existencia de lesiones asociadas10.
Otra posibilidad es realizar una
incisión corporal longitudinal, sobre la zona donde se aprecia el
hematoma. Este abordaje no permite una adecuada exposición de los cuerpos
cavernosos y de la uretra, y puede dificultar la evacuación del hematoma,
por lo que creemos que debe reservarse para aquellos casos con hematomas
de pequeño tamaño, que probablemente se corresponden con lesiones
albugíneas más pequeñas3,4.
Otra forma de abordaje descrita en
los últimos años para este tipo de traumatismo es la incisión
inguino-escrotal12,13. La ventaja de esta
incisión sobre las dos anteriores, según los autores que la emplean, es
que esta se realiza sobre un tejido no edematoso, obteniendo una mejor
visualización del área fracturada12.
Nosotros no creemos que la existencia de edema peneano dificulte la
identificación de la fractura, ya que el edema peneano no afecta a la
túnica albugínea, y el plano de clivaje entre esta y las estructuras
suprayacentes es fácilmente reconocible, especialmente cuando se efectúa
una incisión subcoronal. Por otra parte la incisión inguino-escrotal, al
igual que la corporal longitudinal, no permite la correcta evaluación de
posibles lesiones asociadas.
La sutura de la túnica albugínea
se realiza habitualmente mediante una sutura discontinua, con material
reabsorbible de 2-3/04. Consideramos que la
colocación de un vendaje compresivo y una sonda uretral, ambos durante
24-48 horas, es suficiente para evitar la formación de colecciones
postoperatorias, por ello no creemos necesaria la utilización de
drenajes.
La ventaja uniformemente reconocida
del tratamiento quirúrgico precoz es la menor incidencia de secuelas
urológicas y sexuales. La mayoría de los autores observan una completa
recuperación sexual, con erecciones rígidas e indoloras, y poca o
ninguna incurvación peneana2-4,5,7,14.
Los trastornos de la función sexual
observados en pacientes sometidos a reparación quirúrgica de fractura de
pene, afectan casi exclusivamente a aquellos pacientes que demoraron la
solicitud de atención médica especializada2,4,11,14.
REFERENCIAS
1. FRANCO DE ROSE A, GIGLIO M,
CARMIGNANI G: Traumatic rupture of the corpora cavernosa: new
physiopathologic acquisitions. Urology 2001; 57: 319-322.
2. FERGANY AF, ANGERMEIER KW, MONTAGUE
DK: Review of Cleveland clinic experience with penile fracture. Urology
1999; 54: 352-355.
3. LEMA GRILLE J, BLANCO PARRA M,
CIMADEVILA GARCÍA A, RODRÍGUEZ NÚÑEZ H, TATO RODRÍGUEZ J, CIMADEVILA
COVELO A: Fractura de pene con afectación de cuerpos cavernosos y uretra.
Actas Urol Esp 1999; 23: 900-903.
4. TEJIDO SÁNCHEZ A, MARTÍN MUÑOZ
MP, VILLACAMPA ABUÁ F, DE LA MORENA GALLEGO JM, SUÁREZ CHARNECO A, LEIVA
GALVIS O: Tratamiento quirúrgico de la fractura de pene. Nuestra
experiencia. Actas Urol Esp 1999; 23: 784- 788.
5. LORENZO ROMERO JG, SEGURA MARTÍN M,
SALINAS SÁNCHEZ M, PASTOR GUZMÁN JM, HERNÁNDEZ MILLÁN I, MARTÍNEZ
MARTÍN M, et al: Rotura de cuerpos cavernosos: evaluación y manejo
terapéutico. Actas Urol Esp 1999; 23: 635-639.
6. MYDLO JH, GERSHBEIN AB, MACCHIA RJ:
Nonoperative treatment of patients with presumed penile fracture. J
Urol 2001; 165: 424-425.
7. MARIÑO DEL REAL J, SENOVILLA PÉREZ
JL, MATEOS BLANCO J, ABENGOZAR GARCÍA-MORENO A, SEVILLA ZABALETA M,
CABALLERO GÓMEZ M, et al: Fractura de pene. Revisión de la literatura y
presentación de dos casos. Actas Urol Esp 2000; 24: 767-
770.
8. FEDEL M, VENZ S, ANDREESSEN R,
SUDHOFF F, LOENING SA: The value of magnetic resonance imaging in the
diagnosis of suspected penile fracture with atypical clinical findings. J
Urol 1996; 155: 1924- 1927.
9. SUZUKI K, SHIMIZU N, KUROKAWA K,
SUZUKI T, YAMANAKA H: Fracture of the penis: magnetic resonance imaging of
the rupture of the corpus cavernosum. Br J Urol 1995; 76: 803-804.
10. MYDLO JH, HAYYERI M, MACCHIA RJ:
Urethrography and cavernosography imaging in a small series of penile
fractures: a comparison with surgical findings. Urology 1998; 51:
616-619.
11. KARADENIZ T, TOPSAKAL M, ARIMAN A,
ERTON H, BASAK D: Penile fracture: differential diagnosis, management and
outcome. Br J Urol 1996; 77: 279- 281.
12. SEFTEL AD, HAAS CA, VAFA A, BROWN
SL: Inguinal scrotal incision for penile fracture. J Urol 1998; 159:
182-184.
13. MELLINGER BC, DOUENIAS R: A new
surgical approach for the operative management of penile fracture and
penetrating trauma. Urology 1992; 39: 429-431.
14. ASGARI MA, HOSSEINI SY,
SAFARINEJAD MR, SAMADZADEH B, BARDIDEH AR: Penile fractures: evaluation,
therapeutic approaches and long-term results. J Urol 1996; 155: 148-149.
Dr. A. Rodríguez Alonso
Servicio de Urología
Hospital A. Marcide
Ctra. San Pedro de Leixa s/n
15405 Ferrol (La Coruña)
(Trabajo recibido el 16 Mayo 2001)
|