Modelos
experimentales en la cirugía laparoscópica urológica
Usón Gargallo J*, Sánchez Margallo FM*, Díaz-Güemes
Martín-Portugués I*, Loscertales Martín de Agar B*, Soria Gálvez F*, Pascual
Sánchez-Gijón S.**
*Departamento
de Laparoscopia. Centro de Cirugía de Mínima Invasión, Cáceres. **Servicio
de Cirugía. Hospital Santa María del Puerto, El Puerto de Santa María. Cádiz.
Actas Urol Esp 2006; 30 (5): 443-450
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RESUMEN |
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MODELOS EXPERIMENTALES EN LA CIRUGÍA LAPAROSCÓPICA
UROLÓGICA |
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Presentamos la experiencia del Centro de Cirugía de Mínima
Invasión (CCMI) en el desarrollo de un modelo de entrenamiento secuencial
para la formación en cirugía laparoscópica urológica dotado con diferentes
niveles de experiencia. Este análisis incluye la descripción de los objetivos
de formación, el proceso de enseñanza de las técnicas urológicas sencillas y
avanzadas y algunas consideraciones actuales y futuras antes de aplicar con
éxito las técnicas laparoscópicas. El resultado final del programa de
aprendizaje pretende optimizar la formación del cirujano y la práctica
clínica de estas técnicas quirúrgicas. |
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Las etapas del aprendizaje han sido clasificadas en cuatro
niveles, diferenciándose a su vez una serie de módulos y modelos para el
aprendizaje cuya aplicación dependerá de la experiencia y destreza del
cirujano. Basado en este sistema piramidal de entrenamiento hemos establecido
un programa de aprendizaje donde el alumno avanza paso a paso a través de
cada nivel dependiendo de su nivel de habilidad. |
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Presentamos nuestra experiencia en doce cursos de
formación en laparoscopia urológica y cuatro cursos de formación en
prostatectomía radical laparoscópica, habiendo asistido más de 300 urólogos a
dichas actividades. Por otra parte, destacamos la puesta en marcha conjunta
con algunos Servicios de Urología españoles de programas especiales de
aprendizaje experimental de técnicas más complejas, como la prostatectomía
radical laparoscópica, nefrectomía parcial o pieloplastia desmembrada de
Anderson-Hynes. |
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Como ya hemos advertido en otros trabajos, y como aseveran
otros grupos, el aprendizaje laparoscópico por niveles constituye un concepto
muy útil para evitar problemas derivados de un aprendizaje quirúrgico
incompleto e incorrecto, al tiempo que permite reducir la curva de
aprendizaje de las técnicas quirúrgicas urológicas haciendo posible implantar
técnicas de cierta complejidad técnica en la práctica quirúrgica habitual en
la especialidad de Urología. |
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Palabras
clave: Aprendizaje. Laparoscopia. Urología. Modelos Experimentales. |
En los últimos años la cirugía urológica ha sufrido una
serie de cambios relacionados, en gran medida, con el desarrollo de las
técnicas quirúrgicas de mínima invasión. Las ventajas de este tipo de técnicas han sido ampliamente descritas y
relacionadas, en la mayoría de los trabajos, con un menor tiempo de
hospitalización, mejores resultados cosméticos y un postoperatorio más
ventajoso para el paciente con respecto al abordaje abdominal clásico. No
obstante, se definen como “inconvenientes” de las mismas la necesidad de un
aprendizaje óptimo.
El concepto de aprendizaje por módulos que presentamos es
utilizado con éxito en los programas de aprendizaje de cirugía laparoscópica
urológica1. La cirugía laparoscópica ha necesitado
el desarrollo de técnicas de aprendizaje rápidas, efectivas y fiables llevadas
a cabo, en sus primeras etapas, fuera de los quirófanos. Además de la enseñanza
y aprendizaje específicos, se requiere un entrenamiento quirúrgico
especializado que es preciso ajustar a la experiencia del cirujano. Las etapas
de entrenamiento incorporan desde simuladores físicos, simuladores virtuales,
hasta la cirugía experimental -en animales y cadáveres-, concluyendo el
aprendizaje en pacientes humanos siempre con la supervisión directa de
cirujanos expertos. Por último, y una vez iniciado en la práctica
laparoscópica, el cirujano debe procurarse una formación continuada tanto
teórica como práctica2-6.
Los cursos de cirugía laparoscópica realizados en los
últimos dieciséis años, en el Centro de Cirugía de Mínima Invasión (CCMI), nos
han permitido participar en la formación quirúrgica de más de 300 urólogos
españoles y europeos. En este periodo se han celebrado trece Cursos de Cirugía
Laparoscópica Urológica y seis Cursos de Prostatectomía Radical Laparoscópica,
con dos módulos diferenciados en cada curso, siempre bajo los auspicios de la
Asociación Española de Urología (AEU). Además se han realizado más de
veinticinco estancias de formación de postgrado específicas en urología para el
adiestramiento en técnicas quirúrgicas básicas y avanzadas.
Durante este tiempo han sido protocolizados los pasos del
aprendizaje de la cirugía laparoscópica urológica ajustándolos a los niveles de
experiencia y destreza con la que cuenta el cirujano. La secuencia de
aprendizaje concuerda con una pirámide que incorpora cuatro niveles que el
alumno debe superar hasta alcanzar el vértice, que concluye con la aplicación
de la técnica quirúrgica en la práctica clínica. Previamente el alumno debe
superar, o en su defecto conocer, los tres niveles inferiores.
Este proceso de formación requiere unos estándares
formativos mínimos y una acreditación del programa establecido7
y, aunque existe un vacío legal, en otros países y Sociedades Científicas se
han publicado algunas recomendaciones referentes al entrenamiento y la
acreditación de cirujanos en cirugía laparoscópica y toracoscópica8,9, que conviene tener en cuenta.
Finalmente el desarrollo tecnológico ha permitido incorporar
nuevas herramientas que intentan rebajar los tiempos y costes de aprendizaje
(teleformación, simuladores, robótica, realidad virtud, etc.)10-13, y que constituyen algunas líneas de trabajo actuales
y futuras.
Modelo piramidal de
aprendizaje en cirugía laparoscópica
El aprendizaje en cirugía laparoscópica urológica se ha
diferenciado en diversos niveles de formación, adaptados al grado de
experiencia y conocimientos del cirujano. El programa de formación quirúrgica
comienza en un nivel básico (Nivel 1), caracterizado por transmitir la
información más esencial de la cirugía laparoscópica, referente a equipos e
instrumental, facilitando el manejo de este instrumental y realizando las
maniobras elementales de coordinación de
movimientos en los simuladores quirúrgicos (Fig. 1).

FIGURA 1. Modelo de
enseñanza con estructura piramidal donde se diferencian niveles y módulos de aprendizaje.
Este modelo ha sido adaptado por el CCMI para el aprendizaje
de la cirugía laparoscópica urológica en España.
Este nivel se fundamenta en la realización de ejercicios prácticos organizados en diferentes módulos de aprendizaje (prensión, corte, disección y sutura), siguiendo en cada módulo un especial interés en aspectos relacionados con:
a. Conocimiento y manejo de equipos e instrumental
laparoscópico (en cursos básicos)
b. La ergonomía en cirugía laparoscópica.
c. Estudio de la anatomía quirúrgica del modelo animal.
d. Realización de la técnica quirúrgica en el modelo animal.
En un nivel avanzado (Nivel 2), se formaliza el aprendizaje
de diferentes técnicas laparoscópicas en animales de experimentación (Fig. 1). El uso de animales vivos
minimiza la etapa de formación en pacientes humanos aunque en los últimos años,
debido esencialmente al desarrollo tecnológico, se ha favorecido el empleo de
simuladores quirúrgicos en urología14,15.
No obstante, en el caso de técnicas quirúrgicas avanzadas abogamos por emplear
modelos animales con patología de oclusión ureteral, patología renal,
desarrollo prostático o modelos de criptorquidia para favorecer un aprendizaje
más realista de estas técnicas.

FIGURA 2. Simulador
multifuncional y multidisciplinario desarrollado por el CCMI para el
entrenamiento en cirugía laparoscópica avanzada.
Durante el proceso de aprendizaje quirúrgico también son
empleados otros recursos como la teleformación, que constituye una herramienta
eficaz para completar el aprendizaje en cirugía laparoscópica. El CCMI
aprovecha la red Telesurgex10 para establecer
conexiones entre diferentes usuarios separados geográficamente11. Finalmente, en la última fase del aprendizaje, se
considera esencial que el alumno en formación aplique los conocimientos
adquiridos en especie humana, guiado siempre por un experto en cirugía
laparoscópica16.
En último término se reconoce por las diferentes sociedades
científicas o entidades relacionadas con la formación quirúrgica que es
primordial la asistencia del cirujano a otros cursos, seminarios, congresos,
etc., intentando mantener una formación continuada en cirugía laparoscópica2-4.
Principios del
aprendizaje laparoscópico. Simulación y ergonomía
La cirugía laparoscópica presenta algunos inconvenientes
derivados, en gran medida, de la manipulación de una gran variedad de
instrumentos durante maniobras, más o menos complicadas, a través de la imagen
que proporciona un monitor bidimensional. A esta circunstancia hay que unirle
la pérdida de sensación táctil y la adopción de posturas forzadas durante
periodos de tiempo relativamente largos.
En las fases iniciales los simuladores laparoscópicos
inanimados constituyen una herramienta útil para la adquisición de la destreza
suficiente en el manejo del nuevo instrumental y ensayar los ejercicios
laparoscópicos17, bien directamente –a través de
su cubierta transparente- o bien con imagen en monitores (Fig. 2), manejando el instrumental con ambas
manos, coordinando los movimientos con visión directa.
Generalmente los ejercicios en el simulador se realizan
sobre patrones experimentales como el látex o tejidos orgánicos, siendo muy
útiles estos dispositivos para adquirir la habilidad quirúrgica necesaria para
efectuar maniobras de mayor complejidad técnica, como la sutura laparoscópica
intracorpórea. El dominio de la sutura laparoscópica es inevitable para
practicar intervenciones quirúrgicas avanzadas como la prostatectomía radical,
nefrectomía parcial o pieloplastia laparoscópicas. Para ello, el siguiente paso
en el aprendizaje consiste en llevar a cabo las técnicas, que previamente se
han ensayado en el simulador, en piezas de cadáver como estómagos, vejigas de
la orina, etc., antes de iniciar los ejercicios en los animales de
experimentación2-4.
Como ejemplo en el Programa de Formación en Prostatectomía
Radical laparoscópica, puesto en marcha en el CCMI en 2003, es empleado un
simulador multidisciplinario (Fig. 2) que permite diferenciar distintos grados
de dificultad durante la anastomosis uretrovesical4,
dependiendo en gran medida de la habilidad y experiencia del urólogo.
Por otra parte, en nuestro caso, además de trabajar en el
diseño y prestaciones de los simuladores quirúrgicos, llevamos tiempo
trabajando en la metodología de la Biomecánica, analizando y evaluando las
condiciones de trabajo de los cirujanos en el quirófano, intentando definir las
pautas para un uso adecuado del material laparoscópico, fundamentadas siempre
en criterios ergonómicos.
Los problemas asociados a la incorrecta manipulación del
instrumental y en las anómalas posturas corporales adoptadas pueden provocar la
aparición de fatiga muscular (Fig. 3) y en menor medida lesiones
músculo-esqueléticas18,19. La
revisión del entorno quirúrgico nos muestra graves problemas asociados a la
cirugía laparoscópica, identificando una serie de criterios ergonómicos que
solemos aplicar a la posición que deben adoptar determinadas articulaciones y
grupos musculares, quienes participan activamente durante todo el procedimiento
laparoscópico20,21.
El registro electromiográfico del cirujano muestra una
escasa actividad muscular en el cuello y hombro. Sin embargo la imagen de la
izquierda, con una postura agachada del cirujano, la electromiografía muestra
la aparición de fatiga muscular (Fig. 3).

FIGURA 3. La imagen
de la izquierda muestra la posición corporal neutral, en bipedestación.
Formación
laparoscópica avanzada.
Modelos animales en
urología
Las técnicas laparoscópicas urológicas en los animales de
experimentación deben acogerse a las normas internacionales y los acuerdos del
Consejo de Europa sobre protección de los animales empleados en experimentación
animal y otros fines científicos, así como la reciente legislación nacional
vigente (Directiva 86/609/CEE y R.D. 1201/2005).
La especie animal que con mayor frecuencia se utiliza como
modelo experimental en laparoscopia urológica es la especie porcina, debido
esencialmente a las semejanzas anatómicas del aparato urinario con el ser
humano22 (similar tamaño del riñón, riñón
multipapilar, uréteres de similar longitud). Los cerdos que se emplean suelen
oscilar entre 25-40 Kg de peso.
El CCMI ha diseñado protocolos laparoscópicos
estandarizados, tanto por sistemas orgánicos como por órganos, que son
estudiados antes de comenzar la intervención, de tal forma que el alumno se
iniciará en las técnicas laparoscópicas más sencillas para continuar con las
más avanzadas. En los Cursos de Formación de Laparoscopia Urológica del CCMI se
realizan distintos procedimientos en la especie porcina, tales como cistotomía,
cirugía del uréter, cirugía vesical, orquidectomía, nefrectomía total,
nefrectomía parcial, disección de vasos iliacos, pieloplastia o prostatectomía.
Estamos de acuerdo con otras Sociedades Científicas, como la
Asociación Americana de Urología23, en que es
evidente el papel que desempeñan los cursos prácticos en la expansión de la
cirugía laparoscópica, habiéndose descrito la utilidad de un entrenamiento
planificado para que los cirujanos dominen la sutura laparoscópica antes de su
aplicación clínica en procedimientos avanzados24.
No obstante, y a pesar de que la cirugía laparoscópica se extiende rápidamente
por Europa, el entrenamiento laparoscópico sigue siendo una pieza clave en el
desarrollo a medio plazo de este tipo de técnicas25.
Protocolo
experimental
Recuerdo Anatómico
Cuando se emplean especies animales durante la formación,
como paso previo a la cirugía, es preciso estudiar las particularidades
anatómicas de la especie elegida, que en nuestro caso será la porcina. Así, en
el cerdo los riñones son parcialmente retroperitoneales, principalmente el
riñón derecho. El riñón izquierdo se encuentra más protegido por el peritoneo
parietal y ambos se encuentran cubiertos por cantidades variables de grasa
perirrenal. El aporte sanguíneo procede de la arteria renal, que puede ser
doble, sobre todo en el lado izquierdo, siendo la vena única en ambos lados
(Fig. 4).

FIGURA 4. Imagen
ventral del abdomen porcino con el detalle de los principales trayectos
vasculares.
El uréter originado del
hilio renal circula en sentido caudal, siendo identificado por su gruesa
pared muscular y trayecto retroperitoneal. En su porción abdominal se relaciona
con el músculo psoas, la vena cava o la arteria aorta (según sea derecho o
izquierdo), continuándose como porción iliaca y concluye como uréter pelviano
al cruzarse con los vasos iliacos, para buscar en sentido ventromedial, la cara
dorsal de la vejiga, cuya pared perfora en sentido oblicuo (Fig. 4).
Técnica quirúrgica
Antes de la cirugía el animal es sometido a anestesia
general y situado sobre la mesa quirúrgica, procediendo a obtenerse el
neumoperitoneo insuflando CO2 a través de la aguja de Veress o por
un trocar de Hasson (técnica abierta).
En el supuesto de acceder al riñón y uréter derechos, el
cirujano y su ayudante se situarán frente al abdomen del paciente, a uno de los
lados de la mesa quirúrgica, de forma que los monitores quedan colocados justo
enfrente de ellos y el instrumentista se sitúa al lado del cirujano (Fig. 4). Seguidamente se emplaza un trocar de
10 mm dorsal a la cicatriz umbilical para el manejo de la óptica. Otros dos o
tres trocares, con posición subcostal, en fosa iliaca y en el flanco abdominal
son introducidos para completar las intervenciones con abordaje renal y
ureteral (Fig. 5).

FIGURA 5. Situación
del equipo quirúrgico y disposición de los trocares en la técnica de
nefrectomía parcial.
Tras finalizar la exploración de la cavidad abdominal el
riñón es localizado, diferenciándose la arteria renal, vena renal y el uréter
en su entrada al riñón. La disección en el área del hilio renal permite
identificar los vasos renales; la arteria renal se distingue por su
consistencia y pulso, de forma que la intervención se inicia con la apertura
del peritoneo posterior. Mediante unas pinzas o el aspirador se bascula
cranealmente el riñón y tras disecar la arteria renal se coloca un torniquete
de Rimel. Seguidamente se secciona el parénquima renal sin emplear
electrocoagulación (Fig. 6).

FIGURA 6. La
intervención se inicia con la apertura del peritoneo posterior, basculando el
riñón con el aspirador y colocando un torniquete alrededor de la arteria renal
antes de proceder a la exéresis del parénquima renal.
Tras la oclusión arterial se secciona el parénquima renal y
se completa la hemostasia del lecho de la nefrectomía mediante puntos dobles o
simples que apoyamos sobre material hemostático, tipo Surgicel® (Fig. 7). Se consigue una adecuada
hemostasia aplicando tres o cuatro puntos de sutura. Finalmente el torniquete
es retirado (Fig. 8).

FIGURA 7. Tras la
exéresis polar se practica la hemostasia del lecho de la nefrectomía.

FIGURA 8. Tras
realizar una apertura amplia del peritoneo posterior se disecan el uréter, la
pelvis renal y el polo caudal del riñón. Las líneas delimitan la zona de
sección de la pelvis y la unión pieloureteral. La elaboración de un punto
transfixiante favorecerá la ejecución de la sutura.
En el caso de la pieloplastia laparoscópica, tras la
apertura del peritoneo posterior, se diseca el uréter, la pelvis renal y el
polo caudal del riñón. La confección de un punto de sutura sobre la pelvis
renal facilitará la manipulación del uréter (Fig. 8). Tras la sutura de la cara
posterior de la anastomosis se introduce un catéter doble J y se realiza la
sutura de la cara anterior (Fig. 9). Finalmente se realiza la sutura de la pelvis
redundante (Fig. 10).

FIGURA 9. Detalle de
la inserción del catéter doble J y la realización de la hemisutura de la cara
anterior.

FIGURA 10. Finalizada
la sutura ureteral se completa el resto de la sutura de los bordes de la
pelvis.
Como complemento a la formación experimental es recomendable
utilizar cadáveres debidamente preparados para permitir su empleo con un
abordaje laparoscópico26. Así, en el CCMI se
dispone de cadáveres humanos y animales preparados con la técnica de Thiel27, que mantienen un adecuado grado de flexibilidad en
las extremidades y conservan una consistencia, color y textura de los órganos
internos muy próxima a la real.
Igualmente, durante el periodo de aprendizaje quirúrgico, se
pone a disposición de los alumnos las actuales herramientas de teleformación,
que sirven de complemento durante el aprendizaje laparoscópico (Nivel 3).
En una última fase de aprendizaje, o Nivel 4, el alumno se
encuentra en disposición de aplicar los conocimientos adquiridos siempre con la
supervisión de un experto en cirugía laparoscópica16.
No obstante, consideramos que el cirujano no debe perder el interés en los
avances quirúrgicos y asistir, con relativa frecuencia, a demostraciones
prácticas de otros cirujanos más expertos, reuniones científicas, congresos,
etc., y procurar mantener una formación continua en cirugía laparoscópica2-4.
Conclusiones
En los últimos años un importante grupo de urólogos
españoles ha aprovechado el programa de aprendizaje desarrollado en el CCMI,
siempre bajo los auspicios de la Asociación Española de Urología. La
experiencia adquirida en este periodo nos muestra que es necesario implantar
programas modulares, como el que aquí presentamos, para que el periodo de
formación quirúrgica por el que pasa el alumno pueda ser útil y con una futura
aplicación clínica.
Podemos concluir que la etapa de formación quirúrgica con
simuladores es esencial antes de realizar el aprendizaje de técnicas avanzadas,
como la prostatectomía radical, nefrectomía parcial o pieloplastia, que
precisan del dominio de las maniobras de sutura laparoscópica intracorpórea.
Asimismo el aprovechamiento de las nuevas tecnologías, el desarrollo de modelos
animales útiles y las posibilidades de acceder a programas formativos
contrastados ponen a disposición del urólogo todas las herramientas necesarias
para favorecer la implantación de este tipo de novedosas técnicas en la
práctica clínica.
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Dr. J. Usón Gargallo
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