Nefrectomía
radical laparoscópica
Rubio Briones J, Iborra Juan I,
Casanova Ramón-Borja J, Solsona Narbón E.
Servicio de
Urología. Instituto Valenciano de Oncología. Valencia.
Actas Urol Esp 2006;
30 (5): 479-491
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RESUMEN |
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NEFRECTOMÍA RADICAL LAPAROSCÓPICA |
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Revisamos en este artículo los distintas abordajes
quirúrgicos para realizar una nefrectomía radical laparoscópica, la vía
transperitoneal, la retroperitoneal, así como la mano-asistida. |
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Describimos las ventajas e inconvenientes de cada una de
estas alternativas así como resumimos los citas bibliográficas más
importantes en la literatura médica con respecto a las mismas. |
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A pesar de que es una cirugía con una corta existencia,
menos de 15 años, ha conseguido convertirse en un estándar de tratamiento y
hoy puede considerarse en muchos centros como la cirugía de elección en
tumores de riñón T1 y T2. |
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Palabras
clave: Laparoscopia. Nefrectomía radical. |
INTRODUCCIÓN
HISTÓRICA
La
nefrectomía radical laparoscópica (NRL) tiene apenas 15 años de vida; en junio
de 1990 fue el Dr. Clayman1 quien realizó por
primera vez esta cirugía en EEUU. Su desarrollo fue paulatino pero implacable
hasta nuestros días, de tal forma que en la última versión de las guidelines de la Asociación Europea de
Urología publicadas en agosto de 2004 se le considera la técnica de elección
para los carcinomas renales estadios T1 y T2, considerándola una técnica
absolutamente factible, con un nivel de evidencia 2b (basada en al menos un
estudio o más bien diseñados y quasi experimentales) y con un nivel de
recomendación C (hacerla pese a la ausencia de estudios especialmente diseñados
y de buena calidad a tal fin).
Otros
hechos reseñables en su historia fueron la descripción por Gaur de su balón
para crear el espacio retroperitoneal en 1993 y por tanto el inicio del
desarrollo de la NRL por vía retroperitoneal2 y la
estandarización de la NRL mano-asistida en 1997 por Nakada3.
El
año 1999 fue sin duda importante en la historia de la NRL; se publicaron 4
estudios que en total comparaban, aunque no de forma prospectiva ni
randomizada, 161 casos de NRL frente a 121 de NR abierta. Pese a ser estudios
absolutamente independientes, los 4 coincidieron en las mismas conclusiones; la
NRL suponía un menor trauma quirúrgico que la abierta, lo que se traducía en
una menor necesidad de analgésicos, una menor pérdida sanguínea y unas
estancias y convalecencias más cortas, además de las inherentes ventajas
cosméticas.
Inicialmente
los detractores de la NRL argumentaron la ausencia de resultados oncológicos a
largo plazo y el mayor tiempo y coste quirúrgicos. Posteriormente se expondrán
los resultados oncológicos de las primeras series a 5 años, absolutamente
comparables a la vía abierta. Respecto al tiempo, la experiencia lo equipara al
de abierta. Por último, el coste es también directamente proporcional a la
experiencia en función del tiempo y material utilizados y está sujeto a una
serie de condicionamientos locales y del sistema sanitario que hacen realmente
complicado su comparación objetiva, pero ya existen numerosos artículos que,
incluso utilizando material desechable (por ley en EEUU), justifican un coste
global más barato para la NRL.
Sin
embargo, y pese al tirón de esta técnica, estamos asistiendo en estos momentos
al momento álgido de su difusión a nivel mundial. En 2002, una encuesta
realizada entre los urólogos de California objetivó que éstos realizaban en
total 0,5 NRL frente a 4,5 NR abiertas por año. Realizando una búsqueda en el medline cruzando las palabras laparoscopic y nephrectomy en el año 2004, sólo 4 artículos de 396 (1%) son
originarios de nuestro país4-7.
En instituciones con larga experiencia en cirugía laparoscópica, ya se
considera que la NRL ha sustituido como técnica de elección a la nefrectomía
radical abierta para tumores cT1 y cT2. En nuestro país somos muchos grupos los
que ya realizamos la NRL como técnica de elección en tumores T1-T2 y patología
benigna y muchos más los que están iniciando sus curvas de aprendizaje.
TÉCNICA
El
debate entre la elección de la vía retroperitoneal o transperitoneal para la
NRL se estableció desde los albores de esta técnica. Como casi todo en
Medicina, la orientación que actualmente se le da al tema en distintos foros
laparoscópicos es que la realización de la NRL “estándar” por una u otra vía es
una cuestión de escuela, pero que ambas técnicas jamás deben ser competitivas y
sí complementarias, pues pueden existir determinadas indicaciones específicas
para cada una de ellas.
Recientemente
se han publicado 2 estudios prospectivos al respecto sobre 40 y 102 pacientes
en donde las dos vías se han realizado por grupos expertos al 50%
aproximadamente y de forma aleatoria8,9.
En ambos estudios no se objetivan diferencias estadísticamente significativas
en resultados oncológicos, pérdidas sanguíneas, complicaciones ni estancias o
convalecencias postquirúrgicas. Se reconoce que en la vía retroperitoneal el
control hiliar y el tiempo quirúrgico es ligeramente más rápido, recomendándola
para los pacientes obesos y para aquellos con cirugías abdominales previas. La
vía transperitoneal, por el contrario, se recomienda para aquellos pacientes
que han sufrido cirugía retroperitoneal, para tumores grandes o NRL
citorreductoras en pacientes metastásicos, para nefrectomías parciales, de
donante vivo y cuando se vaya a utilizar robótica o dispositivos mano asistida.
En los pacientes con tumores renales cT2 se aconseja llevarse un parche
anterior de peritoneo por la posibilidad de márgenes positivos a dicho nivel10.
Vía transperitoneal
Como
la cirugía abierta, la técnica de la NRL no es igual en manos de ningún
cirujano; cada uno tiene sus preferencias y trucos. A continuación se exponen
los distintos pasos que nuestro grupo realiza para la misma, pero a los mismos
podrían añadirse muchas variantes completamente válidas.
a) Colocación del paciente y cirujanos
(Fig. 1) lumbotomía clásica. Se desaconseja colocar un rodillo insuflado para
partir al paciente porque puede rechazar el paquete intestinal hacia el flanco
dificultando la visibilidad de la cámara. El cirujano se coloca de pie frente
al abdomen del paciente, su asistente es preferible que esté sentado y la
instrumentista debe tener accesibilidad a manejar el 4º trócar. Vigilar la
fijación y almohadillado del paciente.

FIGURA 1
b)
Creación del pneumoperitoneo y colocación de trócares; normalmente se usan 4
trócares. El primero de 10 mm se sitúa en condiciones estándar paraumbilical en
la línea externa del recto del abdomen y por él se colocará la óptica. Esta
puede ser de 0º ó 30º, aunque la disponibilidad de ésta última facilita toda la
cirugía retroperitoneal. En la fosa ilíaca y en hipocondrio ipsilaterales se
colocan el 2º y 3er trócares, asignando a la mano dominante del
cirujano el trócar de 12mm que permita el uso de endo-GIAs y a la otra uno de 5
mm. El 4º trócar, de 5 mm, se coloca en la línea axilar anterior y lo usa el
ayudante/instrumentista.
c) Decolación colon derecho/izquierdo
(Fig. 2).

FIGURA 2
d) Creación plano entre cara anterior renal y
colon; (Fig. 3) Maniobra de Köcher en el lado derecho. Desplazamiento del
paquete espleno-pancreático en el izquierdo (Fig. 4).

FIGURA 3

FIGURA 4
e) Individualización de vena gonadal y uréter;
(Fig. 5). A excepción de variantes, la gonadal siempre se encontrará primero y
en una situación más externa a la línea media en lumbotomía. Es una pista clave
para localizar la vena renal izquierda o la cava.

FIGURA 5
f) Acceso ascendente hacia el hilio renal;
mediante esta maniobra se pueden encontrar pedículos polares inferiores que
deben ser correctamente controlados (Fig. 6). En laparoscopia es frecuente
visualizar la arteria gonadal, que se puede controlar con bipolar o clips.

FIGURA 6
g) Identificación, control y sección de
arteria y vena; (Figs. 7, 8 y 9). La disección de los elementos del hilio
debe hacerse siguiendo los principios de cirugía abierta. En nuestro grupo
solemos clipar la arteria con 3 hem-o-locks,
dejando 2 proximales y seccionamos la vena con endo-GIA o pasamos una ligadura
de vena (muy frecuentemente en el lado derecho) con posterior clipaje con hem-o-locks.

FIGURA 7

FIGURA 8

FIGURA 9
h) Sección de uréter; (Fig. 10).

FIGURA 10
i) Liberación del polo superior; (Fig. 11)
siguiendo los criterios oncológicos establecidos, la glándula suprarrenal se
incluye o no en la pieza. La maniobra se ve facilitada con la óptica de 30º y
en el lado izquierdo con la movilización previa del eje espleno-pancreático.

FIGURA 11
j) Exéresis de la pieza embolsada; (Fig.
12).

FIGURA 12
Vía retroperitoneal
a) Colocación de paciente y cirujanos;
lumbotomía clásica en 90º, con las mismas precauciones que en la vía
transperitoneal. Los cirujanos se sitúan en la espalda del paciente.
b) Acceso al retroperitoneo; éste se
hace con una pequeña incisión de 1-2 cm
en la punta de la 12ª costilla, con disección digital del espacio
retroperitoneal entre el psoas y la cara posterior de la Gerota. Inserción del
balón de dilatación, que se puede hinchar hasta 800 cc de CO2. Introducción del
laparoscopio dentro del balón para comprobar la adecuada creación del espacio.
Se retira el balón.
c) Creación del pneumoretroperitoneo e
inserción de trócares; se coloca un trócar de 10 mm a través de la incisión
y se insufla el retroperitoneo a 15mm Hg. Se colocan 2 trócares más de 10 mm y
10-12 mm en el borde lateral del erector por debajo de la 12ª costilla y entre
las líneas axilares media y anterior 3 cm por encima de la cresta ilíaca.
d) Acceso al hilio; mediante una incisión
de la Gerota en contacto con el psoas, se accede, diseca y clipa la arteria
renal. La vena renal, anterior a la arteria, es disecada y ligada con endo-GIA
o clips.
e) Disección suprahiliar; siguiendo la
musculatura retroperitoneal.
f) Sección de uréter y vasos gonadales.
g) Exéresis de la pieza embolsada.
NRL mano-asistida
La
NRL mano-asistida facilita inicialmente mediante una incisión de 7-9 cm la
liberación de adherencias previas si existen. Sus principios quedaron
claramente expuestos en los trabajos de Nakada et al11.
La elección del dispositivo a usar depende de las preferencias del cirujano; en
la actualidad hay disponibles 6 dispositivos distintos, entre los que no se han
descrito diferencias significativas12.
a)
Colocación del paciente; no varía
respecto a la NRL pura, aunque suele no llegarse a los 90º de lumbotomía,
pudiéndose realizar en decúbito supino con discreta flexión de la mesa
quirúrgica.
b) Incisión abdominal y colocación del
dispositivo mano-asistida; depende del caso y de las preferencias del
cirujano, pero suele escogerse una lejos del retroperitoneo superior para no
interferir con los otros dos trócares, siendo la media infraumbilical la más
frecuente. A través del dispositivo se colocará la mano no dominante del
cirujano.
c)
Colocación de trócares; habitualmente
se colocan 2 trócares accesorios. El primero de 10mm para el laparoscopio y
otro de 12 mm para la mano dominante del cirujano. En el riñón derecho pueden
ser necesarios más trócares para rechazar el hígado.
El
resto de pasos quirúrgicos son equivalentes a los descritos para la NRL pura
previamente. Esta técnica ha demostrado sus ventajas frente a la cirugía
abierta13,14. Sus ventajas o
inconvenientes frente a la NRL pura han sido también motivo de debate. Sus
defensores argumentan el menor tiempo de aprendizaje con la mano asistida15,16 así como un menor tiempo
quirúrgico17,18. Sus
detractores han cuestionado su necesidad, la pérdida de espacio por la mano
sobretodo en pacientes delgados y el peligro de la habituación a este abordaje
para después abordar otro tipo de cirugías en donde no sería necesario su uso.
El debate del coste económico de ambas técnicas está sujeto a tantas
consideraciones que todo lo publicado en sistemas sanitarios diferentes del
nuestro es poco válido.
En
nuestra opinión, está técnica puede tener sus indicaciones en determinadas
cirugías que se prevean complicadas por el tamaño tumoral, la
nefroureterectomía19, en la nefrectomía bilateral
(decúbito supino) por enfermedad poliquística autosómica dominante20 y en la nefrectomía del donante vivo21-23.
Extracción de la
pieza
Este
último punto es común a ambas vías si no se hace NRL mano asistida y ha sido
objeto de debate entre la extracción intacta o el troceado de las piezas. Las
supuestas ventajas de ambas posibilidades son la posibilidad de asegurar el
estadío patológico de la pieza y las ventajas cosméticas respectivamente. Por
el contrario, sus principales argumentos en contra son la necesidad de incisión
y la posibilidad de diseminación celular también de forma respectiva.
Recientemente
se ha publicado un estudio en el que un avezado urólogo laparoscopista daba a
elegir a sus pacientes la posibilidad de trocear (33 pacientes) o sacar su
pieza intacta (23 pacientes) argumentándoles las ventajas y los inconvenientes
de cada técnica24. La mejor cosmética de los
casos troceados frente a los abiertos –1,2 cm de incisión frente a 7,1 cm- no
se tradujo en una menor analgesia ni estancia. La extracción de piezas intactas
fue más rápida, y en el grupo donde no se troceó se estableció en 2 casos un
incremento del estadío de cT1/2 a pT3a. Esta cifra se ha valorado
retrospectivamente hasta el 21,9% de los casos25.
Esta eventualidad no supone actualmente ningún cambio en la actitud
terapéutica; si en un futuro los protocolos en fase III sobre inmunoterapia
autóloga, inhibidores de la angiogénesis u otros tipos de terapia adyuvante a
los carcinomas renales de mal pronóstico confirman su utilidad, apurar el
diagnóstico patológico de un pT3a sí que será relevante25.
Los autores del mentado trabajo argumentan que se le debería dar a elegir al
paciente qué tipo de extracción prefiere, la posibilidad de realizar incisiones
lejanas como un Pfannestield o media infraumbilical poco dolorosas y apuntan
los problemas técnicos para triturar piezas, derivados de las características
de la única bolsa aprobada para tal fin (LapSac) y de la retirada del mercado
del mejor triturador que existía.
COMPLICACIONES
Las
complicaciones en la NRL pueden ser graves y comprenden todas las descritas
para la nefrectomía abierta más las inherentes a la cirugía laparoscópica. En
general, la tasa de complicaciones mayores se cifra en 5,6% (5-8,2%), aunque
las cifras pueden variar según cómo los distintos autores clasifican las
mismas. Existen grupos que clasifican sus complicaciones en intraoperativas,
postoperativas y médicas, ocurriendo respectivamente en 4,7%, 6,7% y 1,8%26. De la misma forma hay descrita una tasa de
reconversión a cirugía abierta de 4-7,5% y una tasa de reintervención ulterior
de 1,5%27.
La
evolución de las tasas descritas está sujeta en los distintos grupos con mayor
experiencia en cirugía laparoscópica a dos fenómenos contrapuestos; en primer
lugar, es clara la relación de la experiencia con la disminución de la tasa de
complicaciones. Existe un grupo que refiriéndose exclusivamente a la NRL, disminuye su tasa de
complicaciones entre la primera y la segunda centena realizadas de 8,3% 2,5%27, y esto es extensible al resto de la cirugía laparoscópica28,29. En segundo lugar aparece en
escena el fenómeno de la estabilización de dichas tasas; a medida que nuevos
urólogos se incorporan al programa laparoscópico sufren las complicaciones
inherentes a su propia curva de aprendizaje. El balance entre estos dos
fenómenos no está analizado específicamente en ningún grupo, aunque es
reconocido por todos que tanto la curva de aprendizaje, y de forma paralela las
complicaciones, disminuyen cuando aquél se realiza de forma tutorizada y no
pionera en un servicio de urología.
Hasta
la actualidad se han descrito al menos 4 casos de mortalidad peroperatoria. Un
caso de fallo sistémico tras lesión intestinal, un caso de isquemia mesentérica
tras NRL no complicada26, un caso de lesión de
arteria mesentérica y una miocarditis fúngica tras candidemia tardía30.
Complicaciones
relacionadas con la creación del pneumoperitoneo
Al
igual que el resto de la cirugía laparoscópica, la punción con la aguja de
Veress en la NRL transperitoneal puede producir lesiones intestinales,
vasculares o de órganos sólidos. Igualmente su mala colocación en el espacio
pre-peritoneal puede inducir a errores durante la insuflación produciendo
despegamientos peritoneales que induzcan un síndrome vagal severo, habiéndose
descrito bradicardias graves. En general se recomienda su punción en fosa
iliaca o hipocondrio izquierdo y en fosa iliaca derecha, realizar la
comprobación manual y con el flujómetro de su correcto posicionamiento. No se
recomienda cuando existen cirugías previas y nunca se usa en la vía
retroperitoneal. El desplazamiento al subcutáneo de trócares durante la cirugía
puede producir enfisema subcutáneo que raramente tiene importancia clínica
durante la NRL.
Complicaciones
intestinales
No
se han descrito más tasas de íleo paralítico para la vía transabdominal que
para la vía retroperitoneal, pero lógicamente, las temidas lesiones térmicas
intestinales no se dan en esta última. Suelen ser producidas por arcos térmicos
de instrumentos con defectos en sus vainas o bien por elementos de retracción,
muchas veces fuera del campo óptico, y fácilmente pueden pasar inadvertidas. Un
abdomen que no recupera la normalidad a los 3-5 días de la NRL debe hacer
pensar en esta eventualidad y obligar a una laparoscopia exploradora. De la
misma forma se han descrito también complicaciones de la vía biliar.
Complicaciones
vasculares
Son
sin lugar a dudas las más frecuentes26 y las más
temidas. En la NRL siempre hay que tener en cuenta la variabilidad anatómica de
los pedículos renales, cifrada hasta en un 30% en los libros clásicos; sin
embargo, y basándose precisamente en la meticulosa visión que ofrece esta vía,
no se ha justificado en ningún caso de NRL común ningún tipo de radiología
vascular prequirúrgica. Sí que se recomienda examinar con meticulosidad el TAC
preoperatorio en un intento de prever dicha eventualidad y de descubrir placas
ateromatosas que pudieran comprometer el clipado arterial.
Con
experiencia, los desgarros venosos de los vasos dependientes de la vena renal o
de ella misma pueden ser controlados laparoscópicamente siguiendo los
principios abiertos; compresión, limpieza del campo y sutura o clipado, además
del incremento de la presión del pneumoperitoneo a 20 mmHg, que siendo
temporal, suele ser bien tolerado. Una vez controlado el sangrado, también es
recomendable colocar un trócar extra que vuelva a la situación de dos manos al
cirujano principal. Sin experiencia, es mejor reconvertir que intentar resolver
un sangrado venoso que no se resuelva exclusivamente con compresión.
Se
recomienda fehacientemente que el inicio de la curva de aprendizaje de la vía
retroperitoneal sea tutorizado, pues las referencias anatómicas pueden no ser
tan claras como en la vía transperitoneal y cualquier giro inadvertido de la
cámara inducir a confundir la vena renal con la cava31
y la arteria renal con la aorta32. Igualmente, el
uso de la óptica de 30º requiere de una concentración máxima del cámara, y en
el caso de no disponer de las modernas cámaras en donde ésta está integrada al
cable de luz, su uso debe controlarse con las dos manos para asegurar la
correcta orientación en todo momento. Se han descrito secciones de arterias
distintas a la renal (mesentérica superior, mesentérica inferior o incluso la
arteria renal derecha en el caso de una NRL izquierda) precisamente por el mal
uso de la cámara.
Los
desgarros arteriales son raros, pero no así que salten los clips aplicados por
ejemplo a una arteria con placas de ateroma33.
Aunque los clips con mecanismo antideslizante (ej. hem-o-lock) ofrecen más garantías que los de titanio, pueden
saltarse también si no se tiene en cuenta dicha posibilidad y/o se colocan muy
cerca del ostium en la aorta. El gancho final de los hem-o.locks también ha sido motivo de sangrado en muchos hilios;
siempre hay que controlar que su sellado abarca todo el vaso. Actualmente ya se
disponen éstos con un tamaño de 15 mm, que muchos grupos colocan
transcutáneamente en la vena renal con su correspondiente aplicador, obviando
el uso de Endo-GIAs.
En
la nefrectomía, donde el despegamiento es amplio, es más que recomendable
comprobar a 8 mmHg de presión que no existe sangrado venoso oculto por el
pneumoperitoneo al final de la cirugía y revisar la retirada de los trócares
laparoscópicamente con cierre endoscópico de las fascias en todos los trócares
de 10 o más mm de diámetro para prevenir las hernias.
Desgarros
esplénicos/hepáticos
El
trayecto ciego de los trócares situados en los hipocondrios o las adherencias
pueden producir fácilmente desgarros parenquimatosos en estos órganos. Su
manejo puede ser conservador si se dispone de bisturí de argón o pegamentos
biológicos para controlarlos. El Floseal
también ha demostrado su utilidad en estos casos.
Complicaciones en
relación con la postura
La
NRL se realiza habitualmente en lumbotomía, y, aunque ésta puede no ser tan
forzada como en cirugía abierta, hay que tener en cuenta que la cirugía puede ser al principio de la
curva de aprendizaje más larga, por lo que el perfecto almohadillado de los
puntos óseos así como evitar extensiones forzadas de la pierna ipsilateral
puede evitar neuropraxias en el postoperatorio. Esta es la complicación
postoperatoria más frecuente26.
Pneumotórax
Aunque
raro, se ha publicado esta grave complicación laparoscópica34,
lo que supone un colapso pulmonar ipsilateral y desplazamiento mediastínico
contralateral por la transmisión de la hiperpresión abdominal. Con experiencia,
puede controlarse laparoscópicamente con puntos sobre el diafragma, pero es un
motivo más que justificado para reconvertir si ello no se consigue.
Síndrome del dolor
lumbar crónico35
INNOVACIONES TÉCNICAS
Al
ser una técnica relativamente joven, la NRL es una técnica en desarrollo y por
tanto las innovaciones técnicas y complicaciones intraquirúrgicas que van
apareciendo facilitan o perfeccionan la técnica continuamente. A continuación
relataremos alguna de las recientes aportaciones de distintos grupos.
a)
La movilización completa del eje pancreático-esplénico con un despegamiento del
bazo hasta sus vasos cortos permite una disección mucho más cuidadosa del polo
superior del riñón izquierdo y facilita la exéresis de la suprarrenal izquierda
cuando ello es necesario
b)
Cada vez son más grupos que recomiendan la óptica de 30º para la NRL; aunque no
es estrictamente necesaria, facilita la disección arterial y de los polos
superiores
c)
El uso de aspiradores romos como elemento de retracción/disección está muy
extendido.
d)
La retracción del lóbulo hepático derecho con un elemento de agarre cruzado
desde el epigastrio anclándolo a la cara interna de la parrilla costal facilita
la disección del polo superior y suprarrenales derechas.
e)
No se recomienda colocar muchos clips a las venas accesorias de la renal si se
planea colocar posteriormente una endo-GIA para la misma, por la posibilidad de
mal funcionamiento al englobar un clip.
f)
Para pedículos con arterias ateromatosas se ha propuesto el clipado y sección
en bloque de arteria y vena con endo-GIA sin haber objetivado fístulas
arterio-venosas este grupo a los 26 meses de seguimiento36.
g)
En arterias arterioescleróticas evitar poner los clips cerca del ostium de la
aorta, zona típica de placa de ateroma que puede hacer saltar el mismo.
h)
Si se usa una endo-GIA, se puede usar otra sobre aquella si el clipado es
insuficiente.
i)
En venas renales cortas y difíciles, se ha descrito la posibilidad de ligado
previo para reducir su calibre y que entonces sea posible colocar hem-o-locks37.
j)
Se han desarrollado distintos dispositivos canulares para la aplicación
laparoscópica de pegamentos biológicos, flo-seal,
etc, muy útiles al igual que el bisturí de argón para los desgarros
parenquimatosos.
k)
La última generación de dispositivos mano-asistida permiten trabajar con la
mano o con instrumentos laparoscópicos a su través sin que se pierda el
pneumoperitoneo, lo que permite sumar los beneficios de ambos abordajes38.
l)
Se ha descrito la nefrectomía radical usando en todos sus pasos el Ligasure,
incluido arteria y vena, ganando en rapidez y obteniendo menores pérdidas
sanguíneas39. Si bien queda descrita esta
alternativa, no podemos recomendar esta técnica como “estándar” para la NRL,
siguiendo incluso las recomendaciones comerciales del producto.
m)
Se ha descrito la posibilidad de acceder directamente a la arteria renal
izquierda a través del ángulo de Treitz en la NRL izquierda para su control
antes de la manipulación arterial40.
n)
Con la aparición de la robótica, también se ha descrito la posibilidad de la
NRL asistida por el Da Vinci41; sin embargo, en
una técnica donde normalmente no hace falta suturar ni ligaduras, es difícil
pensar que la robótica añada algo a la laparoscopia convencional, sin tener
además en cuenta el importante incremento en costes que esta técnica conlleva.
RESULTADOS ONCOLÓGICOS
Como
se dijo previamente, hemos tenido que esperar el juicio del tiempo para poder
aseverar la eficacia de la NRL en cuanto a control sus resultados oncológicos.
En series con un seguimiento medio de 73 meses, no se han demostrado
diferencias entre la NRL y la nefrectomía abierta en tasas de supervivencia
libre de enfermedad ni en mortalidad cáncer específica a 5 y 10 años42 para los estadíos pT1 y pT2. En el carcinoma renal,
tampoco parece existir el riesgo de implantación tumoral en los trócares o en
la cavidad; 3 de los 4 casos descritos se han debido a violaciones de los
principios oncológicos24, y estudios prospectivos
realizados en otros tumores como cáncer de colon, tampoco han demostrado
relación estadísticamente significativa entre el troceado de la pieza y la
diseminación43, siempre que aquél se realice técnicamente
de forma correcta.
En
este apartado podemos hacer referencia al papel de la NRL en el cáncer renal
metastático. Inicialmente se apuntó que las ventajas inherentes a la cirugía
laparoscópica se traducían en un inicio de la inmunoterapia un mes antes que
con la vía abierta, además de hipotetizar una respuesta más favorable del
sistema inmune ante la menor agresión quirúrgica, pero el mismo grupo no
objetivó posteriormente diferencias en supervivencia cáncer específica44. Existen trabajos recientes en los que se confirman
ese dato45,46 y en los que no
se demuestran diferencias en la respuesta inmune según la nefrectomía se haga
abierta o laparoscópica47. En este grupo de
pacientes cobra aún más importancia la meticulosa selección del caso; es
difícil comparar la NRL a la vía abierta, pues ésta siempre se debe reservar
para aquellos casos con adenopatías voluminosas, grandes tumores o con
importante circulación colateral (Tabla 1).
Tabla
1
Resultados
oncológicos
|
Autor |
N |
SLE |
SCE |
SG |
SCE |
SCE |
Segto. |
|
Chan´01 |
54/ 67 |
- |
75/86 |
- |
- |
- |
44/36 |
|
Portis´02 |
69/ 64 |
91/92 |
92/98 |
88/81 |
95/97 |
87/100 |
70/54 |
|
Saika´03 |
68/ 95 |
87/91 |
- |
- |
94/94 |
- |
65/40 |
|
Wille´ 04 |
82 |
- |
96.3 |
- |
- |
- |
23.5 |
|
Rosales´04 |
100 |
100 |
- |
- |
100 |
100
|
21+/-10 |
|
SLE; supervivencia libre enfermedad,
SCE; supervivencia cáncer específica, SG; supervivencia global. |
|||||||
NRL EN GRUPOS DE RIESGO
Ancianos
Debido
al progresivo envejecimiento de la población, los mejores índices de salud y el
aumento de incidencia de tumores renales nos vamos a encontrar progresivamente
más tumores en pacientes por encima de los 70. ¿Se mantienen todas las ventajas
de la NRL en este grupo etario? Este ha sido un tema analizado por varios
grupos últimamente. Matin et al. realizan un estudio retrospectivo de cirugía
renal/suprarrenal de 192 pacientes menores de 65 años versus 207 pacientes
mayores de 65 a.; no encuentran diferencias en complicaciones, objetivando solo
un día más de estancia hospitalaria en los mayores48.
Dos estudios retrospectivos publicados en 2004 sólo objetivan diferencias en el
ASA y en la estancia algo más prolongada49,50, pero tampoco diferencias en complicaciones.
En
general, se entiende que una vez adquirida una buena destreza laparoscópica,
este grupo etario se beneficia igual sino más de la NRL versus la cirugía
abierta. Incluso ha habido grupos en recomendar de elección esta técnica en
pacientes por encima de 80 años51.
ASA III/IV
De
forma similar al grupo previo, los pacientes ASA III/IV han sido motivo de
estudio para valorar la repercusión de la NRL; en nuestra experiencia corresponden
a el 46% de los pacientes en los que se hemos realizado NRL. En un estudio
comparativo entre 26 casos de nefrectomía abierta, 8 de NRL mano asistida y 13
NRL en pacientes ASA III/IV, las tres tardaban lo mismo, manteniendo la NRL
menores requerimientos de analgesia y coste52. En
este grupo de pacientes es donde no solo la experiencia del urólogo es vital en
reducir el tiempo quirúrgico al máximo, sino la del anestesista implicado en el
equipo laparoscópico, realizando un buen manejo de la oliguria e hipercapnias
inducidas por la laparoscopia, evitando sobrehidrataciones inadvertidas y las
consecuentes hemodilución e insuficiencia cardiaca congestivas, son de
importancia vital para la realización de la NRL.
Obesos
También
este grupo de pacientes es cada vez más frecuente no solo en EEUU
(aproximadamente 25% de la población obesa) sino en nuestro propio país. El 31%
de nuestros pacientes a los que se le ha realizado un NRL tienen un índice de
masa corporal mayor de 30 m2/kg. En la Tabla 2
se muestran distintos trabajos publicados
al respecto de este grupo. En general se objetiva como tampoco se obtienen
diferencias en tasas de complicaciones y estancias, aunque existen resultados
dispares en cuanto al tiempo quirúrgico y las pérdidas sanguíneas entre los
diferentes grupos48,53-55.
Particularmente creemos que la creación del pneumoperitoneo puede ser más
complicada en estos pacientes, pero muchas veces la gran cavidad abdominal y el
hecho que la mayoría del exceso de grasa se acumula normalmente en el
subcutáneo y no en el retroperitoneo, hacen que la NRL propiamente dicha no sea
más difícil en los pacientes obesos, que se benefician claramente de incisiones
pequeñas, incluso en casos de obesidades extremas56.
Tabla
2
Nefrectomía radical laparoscópica en obesos (IMC>30 m2/kg)
|
Autor´año (NR>00) |
Obeso/No |
Trans/Retro |
Variables
asociadas a la obesidad |
Variables
no asociadas |
|
|
|
|
|
|
|
Doublet´00 |
8/47 |
T |
- |
TQ, PS, estancia, compl. |
|
Matin´03 |
¿/389 |
T/R |
ASA |
Complicaciones |
|
Fugita´04 |
32/69 |
T |
ASA |
TQ, PS, estancia, tasa conversión, |
|
|
|
|
|
analgesia, compl. mayores |
|
Anast´ 04 |
40/77 |
T |
Mayor transf. |
Tasa conversión, ASA, analgesia, |
|
|
|
|
|
TQ, PS y transf. |
|
TQ;
tiempo quiúrgico. PS; pérdidas sanguíneas, T; transperitoneal, R;
retroperitoneal |
||||
En
este grupo de pacientes se han realizado una serie de recomendaciones57 que enumeramos a continuación:
a)
Colocación de aguja de Verres y trócares de forma perpendicular para evitar
trayectos tangenciales que puedan fugar y producir enfisema.
b)
Almohadillado cuidadoso de los puntos óseos.
c)
Migración lateral de la colocación de los trócares para evitar que el
desplazamiento del ombligo con el abdomen nos despiste las referencias y
coloquemos aquellos lejos del órgano diana (Fig. 13).

FIGURA 13. Migración
lateral de los trócares recomendada en obesos. Tomado de Saika et al Urology
2003; 62(6): 1018.
d)
No usar trócares de tornillo.
e)
Existe la posibilidad de usar trócares más largos.
f)
Las grandes cavidades abdominales permiten ocasionalmente incrementar la
presión de mmHg sin repercusión sobre el paciente.
g)
Cierre laparoscópico de las fascias.
CONCLUSIONES
Dado
que no es científicamente correcto concluir nada en un trabajo de revisión,
esperamos simplemente que revisiones como ésta animen a la comunidad urológica
a iniciarse en las técnicas laparoscópicas, basándose en los resultados
expuestos en éste y otros trabajos. Creemos sinceramente que más allá de la
técnica, los requerimientos básicos para iniciarse en la nefrectomía radical
laparoscópica pasan por aspectos obvios como tener una gran experiencia en
nefrectomías abiertas y realizar una curva de aprendizaje correcta, al ser posible tutorizada, y por aspectos más
personales como voluntad de grupo para mejorar la atención a nuestros
pacientes.
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Dr. J. Rubio Briones
E-mail:
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