ORIGINAL
Nefrectomía
parcial laparoscópica transperitoneal en el tratamiento del tumor renal
Rosales Bordes A,
Salvador Bayarri J, de Graeve N, Palou Redorta J, Villavicencio Mavrich H.
Servicio de Urología.
Fundació Puigvert. Barcelona.
Actas Urol
Esp 2006; 30 (5): 492-500
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RESUMEN |
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NEFRECTOMÍA PARCIAL
LAPAROSCÓPICA TRANSPERITONEAL EN TRATAMIENTO DEL TUMOR RENAL |
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La cirugía
laparoscópica constituye una técnica quirúrgica que el urólogo debe
incorporar a su armamentario quirúrgico. Su realización intenta simular los
pasos quirúrgicos de la cirugía abierta, así como sus indicaciones. La
nefrectomía parcial laparoscópica es una técnica compleja que implica para su
desarrollo una experiencia amplia en el manejo de las técnicas endoscópicas.
Presentamos nuestra experiencia de 35 nefrectomías parciales laparoscópicas
transperitoneales con una media de seguimiento de 25 meses. El tiempo medio
de cirugía fue de 200 minutos, el sangrado de 190 cc, y la estancia media de
cinco días. Se han objetivado dos sangrados postoperatorios, ninguna
conversión y en dos casos se informó de márgenes positivos, optándose por una
actitud conservadora. |
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Palabras clave: Nefrectomía parcial laparoscópica. Tumor
renal. Técnica quirúrgica. |
El diagnóstico
incidental del cáncer renal ha aumentado en la última década gracias al uso de
la ecografía y de las demás técnicas de imagen para estudio de la cavidad
abdominal1. Desde que Clayman2
en 1991 describió la primera nefrectomía laparoscópica para el tratamiento del
tumor renal, esta técnica se desarrolló rapidamente permitiendo que Winfield3 en 1993 practicara la primera nefrectomía parcial
laparoscópica. Los resultados obtenidos por Gill4,
Guillonneau5, Janetschek6
y Rassweiler7, muestran la reproductibilad,
eficacia y seguridad de la técnica cuando es realizada correctamente.
Se ha demostrado que la nefrectomía parcial presenta
unos resultados similares en cuanto a supervivencia comparado con la
nefrectomía radical en pacientes seleccionados, aunque esta técnica es difícil,
siendo el control de la hemostasia y el cierre de la vía urinaria los dos
puntos más conflictivos. Un estudio de Gill, comparando la cirugía parcial
laparoscópica y la cirugía abierta demostró que aquella presenta un mayor
periodo de isquemia caliente, con más complicaciones intraoperatorias, aunque
la función renal fue preservada por igual y los pacientes se recuperaron más
rápidamente4.
En muchos casos se
requiere la hipotermia del riñón para poder realizar dicha técnica por el
apremio que representa la limitación en el tiempo a que se ve sometido el
cirujano para llevarla a cabo en menos de 30 minutos. En los últimos años la
adopción de la cirugía laparoscópica como otra técnica más dentro del
armamentario quirúrgico que el urólogo debe ofrecer a sus pacientes, y la
comprobación que su eficacia oncológica es similar a la cirugía abierta, ha
motivado que la nefrectomía laparoscópica sea el tratamiento de elección en la
mayor de los tumores renales. Sin embargo la dificultad que conlleva la
práctica de la nefrectomía parcial laparoscópica ha impedido que se haya
extendido su uso, pues requiere de un cierto dominio de la sutura intracorpórea
y de la disección endocavitaria. Este hecho ha producido que se hayan utilizado
distintas técnicas no exeréticas para poder tratar los pequeños tumores
renales, como la crioterapia o la radiofrecuencia que presentan una media de
recurrencia tumoral del 8%8. Con el fin de obtener
una mejor hemostasia, han aparecido distintos productos biológicos con
propiedades hemostáticas y sellantes para disminuir la necesidad en el uso de
sutura intracorpórea. La técnica laparoscópica intenta reproducir los mismos
pasos de la cirugía abierta, generalmente mediante control del pedículo
vascular renal, manteniendo dos prioridades básicas: control oncológico con
mínima pérdida nefronal e intervención con la menor morbilidad posible9.
MATERIAL
Y MÉTODOS
Desde febrero de 2002 a
abril de 2005 hemos realizado en nuestro centro 35 nefrectomías parciales
laparoscópicas por tumor renal; el abordaje fue transperitomeal, siendo 25
varones y 10 mujeres con una edad media de 64 años (26-77). Todas las cirugías
fueron realizadas mediante técnica laparoscópica pura a excepción de un caso el
cual se finalizó mediante técnica mano asistida. En 19 casos la nefrectomía
parciales laparoscópicas correspondió al lado derecho, siendo 26 izquierdas. La
media de tamaño de las masas renales resultó 2,6 cms. (1,5–7). Dos cirugías se
realizaron sobre pacientes monorrenos. En todos los casos los tumores fueron
masas exofíticas renales a excepción de dos casos en que no lo eran y al no
deformar la superficie renal se localizaron mediante ecografía intracorpórea
con una sonda de alta frecuencia.
Se posiciona a los
pacientes en decúbito lateral con un ángulo de 30º (Fig. 1). Se les coloca un
vendaje neumático secuencial en extremidades inferiores, sonda vesical y
nasogástrica y se les administra un gramo de cefonicid ev. como profilaxis
antibiótico. El catéter gástrico se retira en el momento de finalizar la
intervención.

FIGURA 1
La colocación del primer
trócar se realiza tras una incisión de laparotomía de 2 cm a nivel del borde
externo de los músculos rectos anteriores del abdomen, por donde se introduce
un trócar de 12 mm a través del cual colocaremos una óptica de 0º.
Generalmente hemos
utilizado 5 trócares en el abordaje del lado izquierdo y 5 ó 6 en los tumores
del lado derecho (Fig. 2).

FIGURA 2
La sistemática de la
técnica quirúrgica se realiza de forma reglada. Tras una amplia decolación se
realiza una maniobra de Kocher en el lado derecho, y seguidamente una disección
de hilio renal con la colocación de un torniquete de Rumel a nivel de la
arteria o arterias renales (Fig. 3).

FIGURA 3
En un caso se colocó un
clamp de Satisky laparoscópico a través de un trocar flexible plástico, correspondiendo
un caso de una heminefrectomía. Previo al clampado vascular se administra 20 mg
de manitol por vía endovenosa y se realiza la oclusión arterial 3 minutos
después de su perfusión, para proteger la función renal de la isquemia
caliente.
En 5 casos se realizó la
exéresis tumoral sin control del pedículo. La disección de la superficie renal
una vez liberada de su grasa, permite una buena inspección renal y la
posibilidad de una óptima movilización renal, lo que nos facilitará el
procedimiento. Una vez localizado el tumor realizamos una ecografía
endocavitaria con un transductor de alta resolución en 16 casos, su uso se
justificó para la localización del tumor o cuando existían dudas sobre la
profundidad de la lesión y su relación con la medular renal. Delimitaremos el
borde de sección (con margen de seguridad) con diatermia monopolar. Un detalle
relevante es la posibilidad de cambio de la óptica a través de otro puerto de
10 mm. Dependiendo de la localización del tumor para conseguir una visión y un
ángulo de trabajo óptimo.
Normalmente ocluimos la
arteria renal mediante torniquete de Rumel modificado para la cirugía
laparoscópica. Se practica la nefrectomía parcial o la tumorectomía mediante
corte monopolar en la corteza renal y mediante corte frío en la medular,
coagulando selectivamente los pequeños vasos arteriales que aparezcan durante
la sección (Fig. 4). Tras ello se realiza la sutura de la vía cuando ésta ha
sido abierta de forma extensa mediante sutura con monocryl del 3/0. Se colocará
trombina bovina (Floseal) y Surgicel enrollado en el lecho del tumor y puntos
de colchonero con Vicryl del 0 o puntos de sutura mediante clips plásticos
apropiados en caso que dicha sutura sea necesaria. Tras afrontar los márgenes
se coloca un adhesivo biológico (Bioglue) compuesto por albúmina y
glutaraldehido. En 7 ocasiones realizamos la coagulación del lecho con bisturí
de Argón. Tras comprobar la correcta hemostasia se colocó un drenaje aspirativo
y cerramos los orificios de los trócares de 12 mm. La extracción de la pieza
quirúrgica es practicada mediante endocath de 10 mm.

FIGURA 4
RESULTADOS
El tiempo medio de la
intervención fue de 200 minutos, el sangrado de 190 cc. (50-400), la estancia
media de 5 días (4-7). Realizamos sutura específica de la vía urinaria en 4
casos, no apareciendo fístulas urinarias. El tiempo de isquemia caliente
resultó de 28 minutos (20-43) El estudio histopatológico demostró 29 carcinomas
renales, 3 angiomiolipomas, 2 oncocitomas y un nefroma quístico. Todos fueron
T1 excepto un tumor de 7 cm (T2), en el que realizamos una heminefrectomía. En
dos casos se objetivaron márgenes positivos, uno en un carcinoma renal y en un
caso de oncocitoma. En los dos casos se usó el bisturí de Argón para la
coagulación superficial del lecho y tras 25 meses de seguimiento no se han
apreciado recidivas tumorales. Como complicaciones hemos tenido 2 sangrados
postoperatorios sintomáticos que requirieron transfusión y se manejaron de
forma conservadora.
Tras un tiempo medio de
seguimiento de 24 meses, no se han evidenciado recidivas tumorales y todos los
pacientes se hallan vivos. El seguimiento de los pacientes se ha realizado
mediante ecografía semestral y TAC anual, así como con determinación de función
renal. En un caso de una paciente monorrena, tras la cirugía laparoscópica,
presentó un aclaramiento de creatinina de 25 ml/m.
DISCUSIÓN
La nefrectomía parcial
laparoscópica intenta simular los pasos quirúrgicos de la cirugía abierta, así
como sus indicaciones; en la actualidad se acepta como adecuada en pacientes
monorrenos, con tumor renal bilateral y en enfermos con insuficiencia renal
(indicaciones imperativas) y en aquellos con tumores renales inferiores o igual
a 4 cm de diámetro, exofíticos con riñón contralateral normal (indicaciones
electivas o programada). El abordaje de tumores mayores está en discusión por
el riesgo de recurrencia tumoral, multifocalidad o dificultad técnica, aunque
el aumento de la experiencia del cirujano plantea modificar el límite y
elevarlo con ello hasta 7 cm9. Generalmente se
desestiman para el abordaje parcial laparoscópico los tumores de localización
medial o cercanos al seno renal por el riesgo de apertura de la vía urinaria,
aumento de sangrado postoperatorio, posibilidad de crear áreas necróticas de
parénquima renal o riesgo de incisión de la pseudocápsula del tumor renal
comprometiendo por todo ello el resultado oncológico del procedimiento. Aunque
la experiencia de los distintos grupos favorece que se amplíen las indicaciones
de este tipo de técnica aumentado el riesgo de complicaciones.
El abordaje
transperitoneal de los tumores anteriores y situados en el polo inferior es más
sencillo que los que se hallan en la cara posterior y superior, los cuales
serían unos candidatos ideales para un abordaje retroperitoneal, aunque
también una completa disección del riñón puede hacer posible una completa
exposición renal en un abordaje transperitoneal9.
La cirugía mano asistida
puede ser útil en casos concretos de tumores de gran volumen, pudiendo
controlar mejor la hemorragia con la compresión manual y alargando así el
tiempo de trabajo, minimizando por ende el periodo de isquemia caliente en
casos de difícil acceso o de gran volumen10.
Los antecedentes de
cirugías previas pueden a su vez constituir una dificultad añadida en el
abordaje anterior, por la posibilidad de encontrar adherencias que dificulten
la disección renal, pero una realización de minilaparotomía o la colocación de
trócares bajo visión, así como una disección cuidadosa, pueden hacer posible
este procedimiento. La obesidad, aunque en un principio se demostró que
aumentaba la morbilidad de esta técnica, hoy en día ya existen experiencias que
demuestran que éstos pacientes se benefician de abordajes menos agresivos11.
El uso de drenaje del
sistema colector mediante un cateterismo ureteral en este tipo de
intervenciones está en discusión. Autores como Gill9
y Bermudez12 lo usan para evaluar la dimensión de
la apertura del sistema colector mediante la instilación de índigo carmín. Bove13 refiere que en su experiencia no existe diferencia
entre colocar o no un catéter ureteral para minimizar las fístulas, aunque su
serie es limitada. Al igual que Johnston14,
nosotros no lo utilizamos de forma rutinaria y aunque hemos necesitado suturar
en pocos casos la vía urinaria, no hemos tenido fugas. En el estudio referido,
de 100 casos intervenidos, en los primeros 75 procedimientos apareció 1
fístula, ello sin cerrar nunca la vía urinaria ya que las lesiones eran
periféricas y los casos escogidos. Creemos que la compresión del parénquima
mediante los puntos hemostáticos reduce la superficie de vía urinaria abierta y
minimiza la posibilidad de fístula. Sólo en caso de lesiones extensas, que
obliguen a realizar una heminefrectomía (resección de >30% del parénquima
renal) cuando preveamos que la apertura de la vía será extensa o que una
hemostasia sea previsiblemente difícil lo que conlleve al aumento de presión de
la vía urinaria por la ocupación de coágulos, en esos casos creemos que sería
realmente efectivo el uso de un catéter ureteral de drenaje.
Se han utilizado
diversas formas para realizar la nefrectomía parcial laparoscópica: sin
oclusión del pedículo, mediante oclusión hiliar en isquemia caliente y mediante
isquemia fría.
La disección del
pedículo vascular renal durante la nefrectomía parcial laparoscópica puede ser
una maniobra algo difícil para cirujanos sin mucha experiencia en cirugía
laparoscópica renal, y por lo tanto puede consumir mucho tiempo y llevar
implícito un riesgo de lesión de los vasos. Por esto se han descrito distintos
mecanismos para practicar la exéresis tumoral sin clampado arterial. También la
mejora en los distintos agentes hemostáticos biológicos ha favorecido que se
puedan abordar dichos procedimientos sin disección hiliar. Se han utilizado
distintas fuentes de energía como la corriente mono y bipolar (ligasure),
ultrasonidos (ultracision y Cusa), radiofrecuencia, suero salino a presión
(Hidrojet), microondas, y láser (Holmium, KTP)8.
Tendrían como ventaja obviar la necesidad de disección del pedículo renal,
ganando tiempo, y la ausencia de isquemia renal. Como inconvenientes serían la
posibilidad de un mayor sangrado y que al disminuir la buena visibilidad para
realizar una resección por el plano correcto de la medular, podrían favorecer
los márgenes positivos.
Otra posibilidad consiste
en no ocluir el pedículo en caso de tumores periféricos, pudiéndose realizar
una compresión del parénquima renal, ya sea mediante la introducción de la mano
o mediante cinchas compresivas, que introducidas por los trócares y rodeando
uno de los polos renales, provocaran una isquemia selectiva que permitiese
realizar la exéresis del tumor. La utilización de dichos dispositivos no han
sido muy reproducibles y por ello pocos autores los utilizan; en cambio el
recurso de colocar un dispositivo “mano asistido” puede alargar el tiempo de
trabajo, a costa de una posición más incómoda, pero que permita al fin una
correcta realización de la técnica8.
Distintos estudios
experimentales han relacionado la duración de la isquemia caliente con la
alteración de la funcionalidad renal. Tras una isquemia de 30 minutos la
recuperación de la función renal es total tras varias horas, una isquemia de 60
minutos provoca en la rata una disfunción renal con una necrosis tubular que se
puede recuperar en 30 días y una isquemia caliente de 90 minutos provoca una
pérdida de unidad renal en el 83% de los casos15.
Shekarriz16 realizaron gammagrafías renales tras la práctica de
nefrectomías parciales laparoscópicas con una media de isquemia caliente de
22,5 minutos con un rango entre 10 y 40. En ningún caso se apreció pérdida de
ninguna unidad renal. Kane17 también apoya esta
hipótesis afirmando que tras 15 procedimientos con un tiempo de isquemia de 43
minutos la función renal global no se vio afectada. Ello implica que los
métodos de nefrectomía parcial laparoscópica que utilicen isquemia caliente
requieren que ésta no sobrepase los 30-40 minutos para salvaguardar la función
renal.
Para la oclusión de los
vasos renales se han utilizado distintos métodos, siendo los más utilizados:
los bulldocks, las pinzas de Satinsky laparoscópico y el torniquete de Rumel
modificado en nuestro centro para la cirugía laparoscópica18.
Todos son buenos dispositivos pero requieren de una serie de detalles en cuanto
a su uso. Los clamps vasculares se colocan mediante unas pinzas que “abrazan” a
los bulldocks en su recorrido por la cavidad abdominal. Es posible que al
abrirlos para colocarlos en los vasos o para extraerlos una vez finalizado el
procedimiento, puedan desprenderse y caer dentro del abdomen, siendo a veces
difícil su rescate. La pinza de Satinsky es útil pues puede evitar una
disección exhaustiva del pedículo vascular y puede realizar una oclusión total
de arteria y vena, pero su colocación debe ser muy delicada ya que en ocasiones
pueden producirse desgarros venosos o lesiones en la íntima de arterias renales
con severa aterosclerosis. A su vez el vaseloop del torniquete de Rumel puede
seccionarse si se utilizan clips metálicos, hecho que se minimiza si se
utilizan clips plásticos como los de la casa Weck (Hem-o-lock).
Realizar una isquemia
fría correcta, alcanzando los 20 Cº en la corteza renal, puede ser una empresa
difícil en la cirugía laparoscópica. Diversos autores han diseñado distintas
formas para intentar disminuir la temperatura renal y así aumentar el tiempo de
trabajo para realizar la nefrectomía parcial con el mínimo daño renal.
Janetscheck6 describe una técnica de isquemia fría
mediante la introducción de una cánula intraarterial con la perfusión a nivel
del ostium de la arteria renal de una solución de Ringer lactato a 4 Cº,
ocluyendo la arteria mediante un catéter balón. Este método es poco
reproducible y el autor sólo lo emplea en casos muy seleccionados de tumores
grandes. Landman19 enfría el riñón mediante la
instilación retrógrada de solución salina fría a través de un catéter ureteral,
pero no consigue una temperatura de enfriamiento óptima. Gill20
y otros autores21 describen distintas formas de
introducir hielo “pillé” a través del orificio de un trócar, tras colocar el
riñón en el interior de una bolsa, donde poder enfriarlo sin que se pierda el
hielo por la cavidad abdominal. Sin embargo ninguno de estos métodos ha sido
ampliamente aceptado y los mismos autores en su medio lo utilizan en casos muy
seleccionados.
Otro punto importante es
que para la práctica de la nefrectomía parcial laparoscópica es importante el
poder contar con una sonda ultrasónica intracorpórea de alta frecuencia para
poder realizar una definición más precisa del tamaño, localización y relación
del tumor con las estructuras más profundas (vasos y vía urinaria). Puede
distinguir de forma precisa la ocupación de un quiste complicado y definir la
orientación del inicio de la sección del parénquima renal. Para una aplicación
mejor la sonda debe colocarse en la cara opuesta donde se halla la lesión para
que la zona problema se aleje de la superficie del ecógrafo mejorando con ello
la definición22.
Como hemos comentado uno
de los puntos críticos de este tipo de técnica es conseguir una adecuada
hemostasia tras la resección tumoral. Para ello se han descrito el uso de
distintos materiales y distintas fuentes de energía8.
En conclusión podríamos decir que la utilización de métodos sin oclusión
vascular estarían indicados en tumores pequeños (<3 cm), exofíticos y con
poca penetración parenquimatosa (< 10 mm). En esos casos todas las fuentes
de energía pueden ser válidas y eficaces. Para lesiones mayores y más profundas
es indispensable la oclusión del pedículo vascular renal y la hemostasia deberá
incluir además de agentes biológicos hemostáticos, la colocación de sutura
mediante puntos de “colchonero” clásicos o una plicatura del parénquima renal
mediante colocación de sutura sujeta con clips plásticos (Lapra-Ty o
Hem-o-lock).
Existen varios agentes
hemostáticos y sellantes en el mercado que nos pueden ayudar a realizar una
hemostasia correcta en esta técnica. Actualmente contamos en nuestro medio con
cuatro sustancias hemostáticas con características diferentes. Contamos con el
Floseal que está formado por gránulos de trombina bovina; esta sustancia
desencadena en contacto con la sangre el proceso de la cascada de la
coagulación a nivel local. Requiere para su eficacia que se mantenga una
presión sobre la zona cruenta que generalmente se consigue mediante la
interposición de un rollo de celulosa (surgicel). El Floseal es de fácil
almacenamiento y su aplicación inmediata requiere una preparación previa
minutos antes de su aplicación. Su alto poder de autocompactación implica la
necesidad de disponer de un aplicador metálico, poco adherente y el limpiado
del interior del mismo cada vez que se utilice. El Tyssucol está compuesto por
adhesivo de fibrina que requiere ser almacenado a baja temperatura y preparado
30 minutos antes de su aplicación. Una vez desenfriado no puede ser
reutilizado. Su aplicación se realiza mediante una cánula plástica. El Bioglue
está constituido por una mezcla de albúmina y glutaraldehido. Su aplicación es
inmediata mediante cánula plástica, donde se mezclan en el momento de su aplicación
sus componentes. El producto es una sustancia de aspecto y consistencia
plástica traslúcida que se adhiere rápidamente a los tejidos donde es aplicado.
En la Universidad de Michigan14 se realizó un
estudio prospectivo sobre la eficacia de los distintos sellantes biológicos en
nefrectomías parciales en cerdos. La conclusión fue que la mayoría de los
agentes hemostáticos consiguen alguna hemostasia, siendo el Floseal y el
Tyssucol los de mejor resultado, aunque en resecciones parenquimatosas
importantes o apertura de la vía urinaria, sólo el refuerzo mediante algún tipo
de sutura fue realmente efectivo.
Al finalizar la cirugía
es recomendable dejar un drenaje, aspirativo o no, pero no en contacto directo
con la zona cruenta renal. Solemos colocar un drenaje de Redón del 10 ch,
retirando la aspiración a las 24 horas si el débito es menor de 50 cc al día, y
retirándolo a las 48 horas si éste sigue siendo no productivo. Aparte de la
técnica quirúrgica hay que considerar la necesidad de mantener la presión
sistólica < 160 mm de Hg, usando hidralacina u otro hipotensor según
necesidad, disminuyendo con ello el riesgo de hemorragias postquirúrgica14.
Mediante una buena
técnica quirúrgica, tras adecuada elección del caso escogido y con el uso de
distintas técnicas de apoyo peroperatorias como los ultrasonidos, se puede
disminuir la recurrencia del tumor en el remanente renal, tanto por escisión
incompleta como por la aparición de un tumor multifocal. La biopsia intraoperatoria
en esta técnica, según nuestra opinión no debe de ser una práctica rutinaria,
como sostiene Kubinski23. Este autor obtuvo un
margen positivo en el 1,3% de sus nefrectomías parciales laparoscópicas,
apareciendo en su serie de recidiva local en un tumor T3, con biopsia del lecho
de resección negativa. En la revisión bibliográfica los márgenes positivos
oscilan entre el 0 y el 8%, siendo la media de 1,8% (Tabla 1). Aunque existe
esta cifra de márgenes positivos, ello no se traduce en la necesaria aparición
de recurrencia local. La valoración del margen por el patólogo se realiza
mediante tinción en fresco con tinta china, lo que muchos de los márgenes
positivos pueden ser debidos a una mala manipulación quirúrgica de la pieza de
tumorectomía renal. Hay que sumar además el tiempo necesario para obtener el
dictamen, con lo que se alarga el tiempo de isquemia renal. El hecho de que la
mayoría de los tumores renales intervenidos mediante esta técnica son T1, hace
poco probable que los márgenes sean positivos si la técnica quirúrgica es
correcta. El uso complementario de coagulación con bisturí de Argón, el cual
produce una coagulación superficial sobre el lecho quirúrgico, puede disminuir
aún más la posibilidad de una recurrencia14. Las
biopsias del lecho quirúrgico sólo estarían indicadas según nuestra opinión,
sólo en casos en que el examen macroscópico mostrara una resección de la pieza
inadecuada.
Tabla 1
Experiencias seleccionadas de
nefrectomía parcial laparoscópica por tumor renal
|
|
Pacientes (n) |
Ruta |
Tamaño medio
del tumor (cm)
|
Hemorragia (%) |
Fuga de orina (%) |
Margen positivo final (%) |
Seguimiento medio (meses) |
|
Rassweiler et al. |
53 |
TP/RP LS |
2,3 |
5 (9%) |
5 (9%) |
NA |
24 |
|
Stifelman et al. |
11 |
TP LAM |
1,9 |
0 (0%) |
1 (9%) |
0 (0%) |
8 |
|
Gettman et al. |
10 |
TP/RP LS |
2,1 |
0 (0%) |
0 (0%) |
0 (0%) |
NA |
|
Jeschke et al. |
51 |
TP/RP LS |
2 |
1 (2%) |
3 (6%) |
0 (0%) |
34 |
|
Guillonneau et al. |
28 |
TP LS |
2,2 |
5 (18%) |
0 (0%) |
0 (0%) |
5,9 |
|
Richter et al. |
10 |
TP LS |
2,7 |
0 (0%) |
0 (0%) |
0 (0%) |
NA |
|
Simon et al. |
20 |
TP LS |
2,1 |
1 (5%) |
0 (0%) |
0 (0%) |
8,2 |
|
Gill et al. |
100 |
TP/RP LS |
2,8 |
6 (6%) |
3 (3%) |
3 (3%) |
13 |
|
Kim et al. |
79 |
TP LS |
2,5 |
4 (5%) |
2 (3%) |
2 (3%) |
20 |
|
Janetschek et al. |
15 |
TP LS |
NA |
2 (13%) |
0 (0%) |
0 (0%) |
NA |
|
Brown et al. |
30 |
TP LAM |
2,6 |
6 (20%) |
6 (20%) |
0 (0%) |
8,8 |
|
Pruthi et al. |
15 |
TP LAM |
2,7 |
0 (0%) |
0 (0%) |
0 (0%) |
NA |
|
Kane et al. |
27 |
TP LS |
2,6 |
0 (0%) |
2 (7%) |
1 (4%) |
NA |
|
Serie actual |
100 |
TP/RP LS/LAM |
2,5 |
9 (9%) |
2 (2%) |
3 (3%) |
15 |
|
F. Puigvert |
35 |
TP LS |
2,6 |
2 (8%) |
0 (0%) |
2 (8%) |
25 |
|
Total |
584 |
|
2,5 |
7,1 % |
4,4 % |
1,8 % |
14 |
Las complicaciones más
frecuentes en este tipo de técnica son la hemorragia peroperatoria que se
aproxima al 7% (2 y el 20% ) y la fístula urinaria en un 4,5% de los casos
(3-20%). Otras complicaciones menos frecuentes que se han descrito son
hipercapnia, embolismo gaseoso, así como lesiones intestinales, esplénicas o
íleo prolongado.
Tras la valoración de
tres años de seguimiento de varias series, parece que esta técnica presenta
unos resultados semejantes a los obtenidos mediante cirugía abierta. De todas
maneras cabe esperar los resultados a más largo plazo para ver que la evolución
sea comparable entre ambas técnicas. En un artículo de la Cleveland Clinic24 la tasa de recurrencia total fue del 4% siendo del 0%
para los pT1, del 2 % para los pT2 siendo del 8% para los pT3.
CONCLUSIÓN
La cirugía parcial renal
laparoscópica no es una técnica sencilla, pero si oncológicamente efectiva.
Debe realizarse por manos expertas, mimetizando los pasos que se utilizan en la
cirugía abierta. Las indicaciones son las mismas para ambas técnicas. Se
aconseja la oclusión vascular en masas renales mayores de 3 cm y con una
profundidad mayor a 1 cm en el parénquima renal, para disminuir el sangrado y
para disminuir al máximo el riesgo de márgenes positivos. La aparición de
sustancias hemostáticas y sellantes pueden mejorar la hemostasia que constituye
uno de los problemas de este tipo de técnica.
REFERENCIAS
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Dr. A. Rosales Bordes
E-mail: urologia@fundacio-puigvert.es