Cistectomía
Radical Laparoscópica
Castillo O1,2, Cabello
Benavente R3, Briones Mardones G4, Hernández Fernández C3.
1Unidad de
Endourología y Laparoscopia Urológica, Clínica Santa María, Santiago, Chile. 2Departamento
de Urología, Facultad de Medicina, Universidad de Chile, Santiago, Chile. 3Servicio
de Urología, Hospital Gregorio Marañón, Madrid.
4Servicio de
Urología, Hospital Son Llatzer, Mallorca.
Actas Urol Esp 2006;
30 (5): 531-540
|
RESUMEN |
|
CISTECTOMÍA RADICAL LAPAROSCÓPICA |
|
La cistectomía radical laparoscópica está siendo
introducida en la mayoría de los grupos que tienen demostrada experiencia en
cirugía laparoscópica y sobre todo en aquellos que han superado la curva de
aprendizaje en prostatectomía radical laparoscópica. |
|
Se considera aún una técnica de alta complejidad, que no
está aún al alcance de la mayoría de los Servicios de Urología. |
|
Revisamos en este trabajo la técnica quirúrgica así como
la literatura al respecto, haciendo hincapié en sus indicaciones, ventajas y
morbilidad más habitual. |
|
Palabras
clave: Laparoscopia. Cistectomía radical. |
La laparoscopia
inicialmente fue una herramienta meramente diagnóstica o ablativa sobre los
órganos intra-abdominales. Hoy en día es utilizada por casi todas las ramas de
la cirugía quirúrgica en procedimientos de alta complejidad técnica. Todo ello
gracias a la progresiva adquisición de destreza y confianza por parte de los
cirujanos y a la mejora en la tecnología disponible1.
El desarrollo de la laparoscopia en urología se ha retrasado en relación con
otras especialidades, hecho que tal vez esté relacionado con el difícil acceso
a sus órganos diana retroperitoneales y con la necesidad de técnicas complejas
de reconstrucción en la cirugía vesical y prostática2.
La
cistoprostatectomía radical abierta (CPRA) es el “gold standard” para el
tratamiento quirúrgico del cáncer vesical infiltrante no metastático y
superficial de alto riesgo3. El desarrollo
laparoscópico en urología ha permitido proponer a la cistoprostatectomía
radical laparoscópica (CPRL) como una alternativa a la cirugía abierta. Desde
que las primeras comunicaciones fueran publicadas en el primer lustro de los
años 1990 Sánchez de Badajoz4, Puppo5 y tras una década de evolución, la CPRL continúa siendo
una técnica pionera, realizada exclusivamente en centros con amplia experiencia
en laparoscopia6,7.
Demostrar la viabilidad
de la CPRL no significa que esta deba reemplazar la alternativa tradicional. La
mayoría de la experiencia publicada se centra en la descripción de la técnica,
faltan datos sobre el seguimiento y supervivencia a largo plazo antes de poder
obtener conclusiones válidas. Los primeros casos reportados demuestran que es
una técnica viable y que probablemente será capaz de igualar o incluso superar
los resultados de la CPRA6.
TÉCNICA QUIRÚRGICA
Cistectomía
La técnica que
describimos a continuación corresponde al desarrollo de un procedimiento
totalmente autodidacta, desarrollado luego de haber perfeccionado la técnica de
prostatectomía radical laparoscópica.
En la preparación del
paciente, el día anterior a la cirugía se le da una dieta líquida y se le
indica la ingestión de un frasco de Fosfosoda oral a las 8 AM y 17 PM. El
paciente es ingresado la noche anterior a la cirugía, donde se le coloca un
Enema Fosfosoda evacuante del recto y se inicia terapia con Heparina de bajo
peso molecular.
Bajo anestesia
general el paciente se coloca en posición de litotomía modificada (Fig. 1), la
cual permite tener acceso al recto en caso de lesión de éste, y al mismo tiempo
permite presionar el periné para facilitar una eventual anastomosis a la uretra.
En la inducción anestésica se coloca una sonda naso-gástrica y se usa una
primera dosis de una Cefalosporina de 1ª generación y Metronidazol, la cuales
son repetidas a las 3 horas de la cirugía si es que el procedimiento se
prolonga. La sonda vesical se coloca en el campo quirúrgico para su futura
manipulación.

FIGURA 1
Se utiliza apoyo en
los hombros para usar luego una posición de Trendelenburg forzada y se inicia
la cirugía realizando un neumoperitoneo con punción con aguja de Veress hasta
15 mmHg en posición supraumbilical. Los puertos de trabajo se colocan de la
siguiente manera: un trocar de 10-12 mm supraumbilical para la óptica de 0°, 2
puertos de 10-12 mm en ambas fosas ilíacas, laterales a los vasos epigástricos
y a mitad de camino entre el ombligo y el pubis, y 2 trocares de 5 mm
paraumbilicales, conformando una figura en W (Fig. 2).

FIGURA 2
La cirugía se inicia
realizando una incisión del peritoneo en forma de U, la cual incluye el fondo
de saco recto-vesical en la base y una línea que va entre el ligamento
umbilical lateral y el cordón espermático (Fig. 3), seccionado los conductos
deferentes. Para el procedimiento utilizamos una pinza bipolar en la mano
izquierda y el bisturí armónico (Ethicon Endosurgery) en la mano derecha. Se identifica
el uréter y se secciona entre Hem-O-Lok, enviando un segmento para biopsia por
congelación. Luego se procede a realizar una linfadenectomía amplia que
comprende el nervio genitofemoral lateral, la vejiga medial, el pubis distal y
la bifurcación ilíaca proximal (Fig. 4). Este tiempo toma aproximadamente 60
minutos para la linfadenectomía bilateral. El tejido se coloca en una bolsa y
se fija a uno de los puertos de 5 mm laterales para ser retirado junto con la
pieza de cistectomía.

FIGURA 3

FIGURA 4
Preferimos hacer la
linfadenectomía primero, pues luego es muy fácil identificar los pedículos
vesicales para proceder a la cistectomía.
El tiempo de la
cistectomía es como sigue. Al momento de haber seccionado el peritoneo del
fondo de saco identificamos las vesículas seminales pero no las disecamos, para
que salgan en bloque con el espécimen. Seccionamos la hoja posterior de
Denovilliers y avanzamos controlando los pedículos vesicales superior y medio,
para lo cual inicialmente utilizamos Endo-Gia (Ethicon Endosurgery), luego
Ligasure (Valley-Lab), y últimamente la nueva pinza del bisturí armónico
(Ethicon Endosurgery). Una vez controlados los pedículos vesicales, procedemos
a seccionar el peritoneo parietal anterior para bajar la vejiga y entrar al
espacio de Retzius. Al tener el puerto de la cámara en posición supraumbilical
podemos seccionar el uraco, sin riesgo de lesionar la vejiga.
Abrimos con tijera
fría la fascia endopélvica a ambos lados, seccionamos los ligamentos
puboprostáticos y pasamos un punto en 8 de Vycril 0 con aguja CT-1 al complejo
venoso dorsal (paso idéntico al de la prostatectomía radical). En este momento
traccionamos la sonda vesical por fuera y la anudamos, para luego poder
cortarla por dentro sin perder el balón.
Seccionamos el
complejo dorsal y luego la cara anterior de la uretra, identificando la sonda.
Traccionamos la sonda hacia el interior, hasta identificar las ligaduras hechas
en forma externa, y seccionamos la sonda. El ayudante toma la sonda con una
pinza fuerte y la tracciona hacia cefálico, con lo cual exponemos la cara
posterior de la uretra, que se secciona con tijera, y podemos continuar con la
disección en forma retrógrada hasta seccionar los pedículos prostáticos,
liberando la pieza. Esta es colocada en una bolsa de polietileno para ser
extraída, evitando la eventual contaminación con orina del campo quirúrgico y
el riesgo de implante de células tumorales.
Para la extracción de
la pieza hemos usado una incisión infraumbilical de 6 cm (Fig. 5) o una
incisión de Pfanestiel.

FIGURA 5
Derivación
urinaria
En todos los casos
hemos realizado la derivación urinaria en forma totalmente extracorpórea.
Parece lógico que si es necesario realizar una incisión para extraer la pieza,
por esta se pueda realizar todo el trabajo intestinal.
En nuestra
experiencia sobre 45 cistectomías radicales laparoscópicas, hemos efectuado 3
tipos de derivación urinaria:
Neovejiga ileal
ortotópica tipo Studer: El segmento intestinal previamente seleccionado por la
vía laparoscópica, midiendo que llegue a la uretra, es exteriorizado por la
incisión y se desfuncionaliza un asa de 45 cm a 25 cm. de la válvula
ileo-cecal. El intestino se secciona con un TLC-55 y luego se reconstituye el
tránsito con una sutura latero-lateral con los extremos enfrentados con
Monocryl 3-0 en un plano total, la cual funciona como una anastomosis
término-terminal. Se reconfigura la neovejiga como está descrito y ambos
uréteres son anastomosados a la chimenea isoperistática con una amplia
espatulación, con Monocryl 5-0, sobre tutores 8 Fr exteriorizados por el asa.
Una vez construido el
reservorio (Fig. 6), se reintroduce en la cavidad abdominal y se cierra la
incisión para rehacer el neumoperitoneo. El ayudante toma con una pinza firme
el extremo del reservorio y se realiza una anastomosis a la uretra con 6 puntos
de Vycril 2-0 con aguja UR-6 (Fig. 7), dejando una sonda Foley Silastic 22 Fr.
Los tutores ureterales son exteriorizados por uno de los trocares de 10-12 mm y
se deja un drenaje aspirativo en la cavidad pélvica (Fig. 8).

FIGURA 6

FIGURA 7

FIGURA 8
Conducto ileal: Con
el paciente de pié, antes de iniciar la cirugía, se marca la posición del
estoma, dado que la distensión del neumoperitoneo modifica los puntos de
reparo, y el estoma puede quedar en posición inadecuada. El trabajo intestinal
se realiza de igual forma si se ha necesitado de una incisión para retirar la
pieza. En el caso de las mujeres, donde extraemos la pieza por la vagina, se
exterioriza el intestino y los uréteres por el sitio del estoma, habiendo
realizado la sección en cruz de la aponeurosis. Aunque parezca difícil de
imaginar, la distensión abdominal del neumoperitoneo previo provoca tal
relajación de la pared abdominal que no hay dificultad para trabajar por el
estoma (Fig. 9). El único paso distinto a la neovejiga ortotópica, es que antes
de la extracción de la pieza, el uréter izquierdo es pasado por detrás del
mesosigmoides laparoscópicamente.

FIGURA 9
Reservorio continente
tipo Indiana: Esta derivación la hemos efectuado en mujeres sin indicación
oncológica de neovejiga ortotópica. No tenemos experiencia con la derivación
tipo Mainz II, la cual podría ser una alternativa en estos casos. Usamos el
segmento íleo-cecal, reconfigurándolo con sutura de Monocryl 3-0 y el segmento
ileal, que constituirá la válvula se plica con una sutura a puntos separados de
seda 2-0 o se adelgaza con varios disparos de TLC-55 sobre una sonda Nelaton 12
(Fig. 10). El estoma se ubica en el fondo del ombligo como un estoma plano, y
se deja una sonda Nelaton 18 Fr por el estoma y una sonda Pezzer 22 Fr como
cistostomía por contrabertura (Fig. 11).

FIGURA 10

FIGURA 11
TIPOS DE DERIVACIÓN URINARIA
Se han publicado
varios tipos de derivaciones urinarias en las series revisadas (Tabla 1). No
existe una derivación ideal en cirugía abierta, tampoco existe esta en cirugía
laparoscópica. El objetivo fundamental será realizar una derivación adecuada
para cada paciente. La decisión no debe fundamentarse en las preferencias del
cirujano por una determinada derivación, por su obligada realización
laparoscópica o mediante cirugía convencional2.
Los modelos en animales de experimentación han contribuido de manera sustancial
en la experiencia clínica8.
Tabla 1
|
|
N |
Tipo
derivación |
Tiempo
cirugía (h) |
Sangrado
intraqx. (cc) |
Estancia
hospital (d) |
Complicaciones
mayores |
Margen |
Linfa/
nº ganglios+ |
Seguimiento
o (meses) |
Supervivencia
Nº pacientes |
|
Puppo |
5 |
4
CI minilap |
7,2 |
– |
10.6 |
No |
NR |
Obt/3 |
10.8 |
5 |
|
Denewer |
10 |
CI minilap |
3.6 |
– |
10-13 |
5 pacientes? |
NR |
Obt/0 |
– |
9 |
|
Gill |
2 |
CI laparoscópico |
10-11.5 |
1000-1200 |
6 |
No |
– |
Obt/0 |
– |
2 |
|
Türk |
5 |
RS laparoscópico |
6.9-7.9 |
190-300 |
10 |
No |
– |
Obt/0 |
– |
5 |
|
Gupta |
5 |
CI laparoscópico |
7-8 |
300-400 |
8-22 |
1 obstrucción intestinal |
– |
Obt/2 |
24 |
3 (2 muertes causas no relacionadas) |
|
Gill |
3 |
2 NOI laparoscópico 1 Indiana minilap |
8.5-10.5 |
300 |
5-12 |
1 hemorragia intestinal |
– |
Obt/0 |
5-19 |
2 (1 muerte MTX) |
|
Abdel-Hakim |
9 |
NOI minilap |
8.3 |
150-500 |
NR |
No |
– |
Obt/0 |
- |
9 |
|
Simonato |
10 |
6 NOI minilap |
4.3-8.5 |
310 |
5-9 |
2 hidronefrosis bilat, |
– |
Obt/0 |
5-18 |
10 (2 MTX) |
|
Menon |
17 |
14 NOI minilap 3 CI minilap |
4.3-5.4 |
<150 |
NR |
1 sangrado postquirúrgico |
– |
Obt/1 |
NR |
17 |
|
Basillote |
13 |
NOI minilap |
8 |
1000 |
5.1 |
4 pacientes2 |
– |
Obt/NR |
NR |
13 |
|
Deger |
20 |
RS laparoscópico |
8 |
200 |
15 |
2 (1 fístula RS, |
– |
Ext/3 |
33 |
18 (3 MTX con |
|
Taylor |
8 |
IC minilap |
6.7 |
637 |
6.4 |
2 (1 lesión rectal, |
1 |
Ext/1 |
NR |
NR |
|
N: número de pacientes incluidos en la
serie. Tipo
de derivación: tipo de
derivación urinaria empleada y forma de realizarla. CI: conducto ileal. NOI: neovejiga ortotópica ileal. Indiana: reservorio tipo Indiana
pouch. RS: reservorio
rectosigmoideo. US: ureterostomía
sigmoidea. Cutánea: ureterostomía cutánea bilateral. Minilap: creación de derivación
intestinal a través de una pequeña incisión en la pared abdominal. Laparoscópico: creación de la derivación
intestinal de forma completamente laparoscópica. Tiempo
cirugía (h): tiempo quirúrgico
medio en horas. Sangrado
intraqx (cc): sangrado
reportado intraoperatorio en centímetros cúbicos. Estancia
hospitalaria (d): días de
ingreso hospitalario. Complicación:
complicaciones postoperatorias
en relación con la cirugía. 1. 1 lesión vascular, 1 hemorragia
postoperatoria, 1 muerte perioperatoira, 1 fístula urinaria, 1 pielonefritis. 2. 1 obstrucción ureteral, 1 estenosis
anastomosis neovejiga, 1 absceso epididimario, 1 dehiscencia de herida
quirúrgica. Margen: existencia de márgenes positivos. Linfa/nº
ganglios: tipo de
linfadenectomía realizada y número de pacientes con ganglios positivos. Obt:
linfadenectomía pélvica
obturatríz. Ext: linfadenectomía
pélvica extendida. Seguimiento
(meses): seguimiento
publicado por las diferentes series expresado en meses. Supervivencia
nº pacientes: número de
supervivientes de la serie y causa de la muerte de los fallecidos. MTX: enfermedad metastásica diseminada. |
||||||||||
Para muchos autores
la realización de la derivación es el verdadero handicap de la CPRL9,10. La dificultad de la sutura
laparoscópica intracorpórea es el factor más importante que ha frenado el
desarrollo de la laparoscopia urológica en el campo de la cirugía
reconstructiva8.
Técnicas
de derivación
La composición de la
derivación urinaria se puede realizar de tres maneras diferentes. La
alternativa más sencilla es realizarla de manera convencional, a través de una
minilaparotomía1,11,12.
Bastará una incisión de 7cm en la pared abdominal para exteriorizar el
fragmento intestinal y modelar el reservorio urinario8,
su realización no parece reducir las ventajas de la cirugía laparoscópica9.
La segunda manera es
exteriorizando las asas intestinales a través de los orificios de los trócares,
confeccionando la derivación mediante sutura extracorpórea4,13-15. En la realización de la sutura
habrá que tener en cuenta la orientación de los tejidos, distorsionados por la
tracción, y la extensa disección ureteral que se precisa para que los uréteres
puedan llegar hasta la piel8,16.
Por último, se puede
realizar mediante sutura intracorpórea laparoscópica16-22. La magnificación permite una excelente visión y una
precisa aposición muco-mucosa de la anastomosis aunque, será imprescindible
para su realización contar con una gran destreza en el manejo del instrumental
laparoscópico8,16. Se
cuestiona, según algunos autores, por prolongar innecesariamente el tiempo
quirúrgico, ser técnicamente compleja y por desaprovechar la obligada
minilaparotomía para la extracción de la pieza quirúrgica12.
Esta opinión puede que cambie cuando contemos con medios de sutura automática
laparoscópica más eficaces.
LIMITACIONES DE LA CISTECTOMÍA RADICAL
LAPAROSCÓPICA
La CPRL se considera
que todavía precisa de una mejor estandarización6,23. Con el tiempo, igual que ocurrió con la
prostatectomía radical laparoscópica, se reducirán tiempos quirúrgicos y en un
futuro no muy lejano no quedará limitada a centros de referencia6,7,9. Actualmente
continúa siendo una cirugía costosa en términos económicos, que requiere de una
larga curva de aprendizaje6.
Existen publicaciones
que hablan a favor de iniciar la experiencia con la CPRL mediante la cirugía
mano asistida13,24. De esta
forma se mantienen las ventajas de la cirugía mínimamente invasiva, y se
pretende acortar de esta manera la curva de aprendizaje25.
INDICACIONES
Actualmente se
seleccionan pacientes para la CPRL con neoplasias organoconfinadas no
voluminosas. Debido al potencial aumento de la complejidad técnica, como
contraindicaciones se citan la radioterapia pélvica previa, la quimioterapia
neoadyuvante, la obesidad mórbida, pacientes con historia de múltiples cirugías
abdominales, así como la infección activa intraabdominal y las diátesis
hemorrágicas no corregidas8,26.
PRINCIPIOS QUIRÚRGICOS
Principios
oncológicos
La CRPL debe
realizarse siguiendo los mismos principios de la cirugía oncológica
convencional. Los indicadores de calidad en la CPRA están bien establecidos,
relacionándose con la morbi-mortalidad, la afectación de los márgenes
quirúrgicos, el número de ganglios linfáticos extraídos en la linfadenectomía y
en número de procedimientos que debe realizar un centro para alcanzar estos
estándares27.
Puppo et al6 revisaron 107 CPRL publicadas, encontrando tres casos
con márgenes positivos11,24,28. Tres de las series publicadas mencionaban el número
de ganglios linfáticos extraídos en la linfadenectomía16,28,29, variando el número entre 3 y
21. Estos datos son similares a las largas series publicadas de CPRA30-32. La sorprendente baja tasa de
márgenes positivos, incluso en estadios avanzados, se ha puesto en relación con
la magnificación de imagen que ofrece la laparoscopia aunque también, y más
probablemente, esta tenga más que ver con la selección de los pacientes
intervenidos mediante esta técnica6.
Control
oncológico
Es muy importante en
cirugía laparoscópica ser cuidadoso con la manipulación del carcinoma de
células transicionales para evitar su diseminación local18.
Se ha comunicado el seguimiento de los pacientes en aproximadamente el 50% de
los casos publicados, con un tiempo máximo de seguimiento de 48 meses y un
seguimiento medio de 11,5 meses6. El corto
seguimiento disponible hasta el momento y el número limitado de casos
publicados, no permite extraer conclusiones definitivas sobre si la CPRL es una
cirugía oncologicamente segura a largo plazo. En un primer análisis, no parece
que la CPRL tenga un impacto negativo en la supervivencia de los pacientes6.
Calidad
de vida
La calidad de vida de
los pacientes oncológicos es uno de los retos más importantes de la medicina
del futuro. La preservación de la continencia y la función sexual es muy importante,
especialmente en los pacientes jóvenes sometidos a una cistectomía radical33. Las series de cistectomía radical con preservación de
los haces neurovasculares consiguen mantener la potencia sexual entre un 40 y
un 60% de los pacientes33. La preservación de la
próstata en la cistectomía radical con derivación urinaria ortotópica, tanto en
cirugía abierta34 como en laparoscópica35, ofrece prometedores resultados respecto a la
continencia y conservación de la potencia sexual. No obstante la falta de
estudios a largo plazo obliga a ser cautos en sus indicaciones33.
CISTECTOMÍA RADICAL: LAPAROSCÓPICA VS.
ABIERTA
Ventajas
La reducción en unos
pocos centímetros de la longitud de la incisión quirúrgica, no es suficiente
para justificar un cambio tan radical en la cirugía urológica6.
Las potenciales
ventajas de la CPRL hay que buscarlas en la reducción del sangrado
intraoperatorio, una mejor visualización de las estructuras, la deambulación
más precoz en el postoperatorio inmediato y en la reducción de la estancia
hospitalaria, las necesidades de analgesia y el íleo adinámico tras la cirugía2.
La reducción del
sangrado intraoperatorio a 300-400 ml26, parece
relacionada con la magnificación que ofrece la laparoscopia, ya que permite una
disección y hemostasia más cuidadosa. La presión intra-abdominal del
pneumoperitoneo también contribuye a reducir el sangrado26.
Basillote et al11 no encontraron diferencias en
relación al sangrado en su serie comparativa entre CPRL y CPRA, tal vez porque
fue realizada cuando todavía estaban iniciando su experiencia en laparoscopia.
Las series laparoscópicas publicadas por Gill et al18
y Türk et al19 presentan sangrados
significativamente menores a la cirugía abierta36.
La reducción de la
estancia hospitalaria no parece ser muy diferente entre la CPRL y la CPRA6, a pesar de que algunos autores11
encuentren diferencias significativas en sus series. Esto se explica porque el
alta se relaciona con la recuperación del tránsito intestinal y con la
posibilidad de que el paciente tenga apoyo fuera del hospital para continuar su
recuperación6. Por el contrario, si parece que con
la CPRL el paciente pueda retornar a su actividad diaria de forma más precoz26.
Las necesidades de
analgesia en el postoperatorio si son significativamente menores en la CPRL.
Esto contribuye, junto con la menor manipulación de los intestinos durante la
cirugía, a la menor incidencia de íleo adinámico en el postoperatorio11,26,37,38.
Ventajas más
difíciles de medir de la laparoscopia son la menor respuesta inflamatoria y la
menor inmunosupresión por la agresión quirúrgica según destacan investigaciones
recientes39,40. Como
consecuencia sería esperable una menor tasa de infecciones, íleo adinámico y
una reducción en la respuesta inflamatoria no específica.
Inconvenientes
Existen una serie de
desventajas a la hora de realizar la CPRL. La prolongación del tiempo
quirúrgico, es un problema que parece solucionado, puesto que se ha reducido
desde las primeras series publicadas18-20
de entre 7 y 11 horas a entre 4 y 838.
Actualmente, los centros con experiencia, realizan la CPRL en tiempos
competitivos respecto a la CPRA7,11,13,19,24. Otro
importante handicap de la CPRL es su curva de aprendizaje6,
que resulta especialmente dificultosa, sobre todo para cirujanos sin
experiencia previa en cirugía radical prostática laparoscópica.
El coste económico es
otro obstáculo para cualquier cirugía laparoscópica6.
Precisa de instrumentos de alta tecnología, lo que incrementa los costes económicos
directos.
Cistoprostatectomía
radical robótica:
La utilización de
dispositivos robóticos puede compensar la falta de percepción táctil de la
cirugía laparoscópica, reduciendo la curva de aprendizaje26.
Esto lo consigue mediante la mejora en la percepción espacial tridimensional,
la magnificación visual de hasta diez veces respecto a la realidad y la mayor
libertad de movimientos con los instrumentos laparoscópicos41.
Existen en la literatura trabajos prometedores en cuanto a la utilidad y
resultados obtenidos con la robótica en la CPRL12,17.
MORBILIDAD Y COMPLICACIONES
Mortalidad
La mortalidad
comunicada de las grandes series de CPRA es inferior al 4%31-33. En relación con 107 casos revisados, Puppo et al6 sólo encontraron un caso de muerte en relación con la
cirugía42.
Complicaciones
Se ha comunicado un
caso de lesión rectal en un paciente que previamente había recibido
radioterapia pélvica24. En la serie inicial de 21
CPRL en la Cleveland Clinic, se produjeron 6 complicaciones mayores (29%) y 9
menores (45%). Todas las complicaciones mayores precisaron reintervención
quirúrgica (3 obstrucciones intestinales, 1 fístula de la anastomosis
uretero-ileal, 1 fístula uretro-vaginal y 1 perforación intestinal). Las
complicaciones menores fueron esencialmente relacionadas con un íleo prolongado26. Hemal43 comunica en su
serie de 11 CPRL 5 complicaciones. Tres intraoperatorias (1 lesión de la vena
iliaca externa, 2 pequeñas lesiones rectales) y 2 relacionadas con la cirugía
laparoscópica (enfisema subcutáneo e hipercapnia).
Puppo et al6, revisaron 107 casos publicados de CPRL, encontrando 27
complicaciones en relación con la cirugía. Esta cifra es similar al 25% de
morbilidad que aparece en las grandes series de CPRA.
CONCLUSIONES
La cistectomía
radical laparoscópica es un procedimiento que demanda entrenamiento extensivo
en cirugía reconstructiva laparoscópica. El tiempo quirúrgico, especialmente al
inicio de la experiencia, es mayor que el de la cirugía abierta. Sin embargo,
nuestra experiencia inicial demuestra que cumple los estándares oncológicos de
la cirugía del cáncer vesical.
Tiene ventajas
potenciales sobre la cistectomía abierta, como son menor sangrado, menor
necesidad de analgesia, deambulación precoz, menor íleo postoperatorio, menor
convalecencia. Estas ventajas deberán ser evaluadas sobre la base de
experiencias mayores, en centros de referencia, antes de pasar a constituir un
procedimiento de real alternativa frente a la cirugía tradicional.
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Dr. Octavio Castillo
E-mail: octaviocastillo@vtr.net