REVISIÓN
Braquiterapia de baja tasa en el tratamiento del cáncer de próstata
localizado
Budía Alba A, Bosquet Sanz M, Tormo Micó A*, Boronat Tormo F, Alapont
Alacreu JM, Francés A*, Vera Donoso CD, Jiménez Cruz JF.
Servicios de Urología y Oncología Radioterápica*. Hospital
Universitario La Fe de Valencia.
Actas Urol Esp. 2007;31(5):452-468
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RESUMEN |
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BRAQUITERAPIA
DE BAJA TASA EN EL TRATAMIENTO DEL CÁNCER DE PROSTATA LOCALIZADO |
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Introducción
y Objetivo: La braquiterapia
prostática se ha consolidado en los últimos años como tratamiento de primera
línea en pacientes seleccionados con cáncer de próstata localizado.
Pretendemos realizar una actualización del tema. |
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Material y
Métodos: Revisión bibliográfica de
las principales series publicadas analizando, indicaciones (selección de
pacientes), las diferentes técnicas de implantación, los resultados
oncológicos en función de grupos de riesgo y las complicaciones agudas y
crónicas. |
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Resultados: La supervivencia libre de recaída
bioquímica fue del 87-96% a 10 años en tumores de bajo riesgo y del 63-86% a
10 años en tumores de riesgo intermedio. Las principales complicaciones
fueron la retención urinaria en el 3-24%, necesitando RTU de próstata en
0-8,7%, la incontinencia urinaria en el 0-6,7%, proctitis en 0-15,5%,
disfunción eréctil en 6,3-30%, úlceras/fístulas rectales en 0-5,4%. |
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Conclusiones: La braquiterapia prostática
constituye una alternativa terapéutica en el cáncer de próstata localizado de
bajo riesgo y en pacientes seleccionados de riesgo intermedio, con escasas
complicaciones y una aceptable tasa de control bioquímico. |
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Palabras clave: Braquiterapia prostática. Cáncer de
próstata. |
La braquiterapia prostática
implica la colocación de fuentes radiactivas en la glándula prostática. Dado su
corto rango de irradiación emitido, altas dosis de energía pueden ser liberadas
por estas fuentes dentro de la próstata, evitando una excesiva irradiación a
órganos vecinos. El desarrollo de nuevas tecnologías ha permitido mejorar
progresivamente no sólo la colocación de las semillas radiactivas, sino también
la distribución de la dosis de irradiación. Como resultado de todo ello, la
braquiterapia prostática transperineal con implante permanente constituye una
opción definitiva de tratamiento en pacientes con un cáncer de próstata
clínicamente localizado. Las tasas de control bioquímico en pacientes tratados
mediante esta técnica son similares a aquellos tratados mediante radioterapia
externa o prostatectomía radical1.
La braquiterapia representa una de
las técnicas más antiguas de radiación para el cáncer de próstata. Las primeras
referencias históricas datan del año 1911, en el que Pasteau2
describió el implante de radio intraprostático vía transuretral mediante un
catéter. Posteriormente, con los malos resultados obtenidos, la alta tasa de
complicaciones (20%) y el desarrollo de otras alternativas para el tratamiento
del cáncer de próstata como la cirugía, la manipulación hormonal y la radiación
externa en 1956, esta técnica se abandonó. No es hasta 1972 cuando se describió
una técnica retropúbica abierta con I125 3 y con
oro Au198 4, pero los malos resultados clínicos
junto con la distribución heterogénea de las dosis en la glándula con el
implante manual la llevó a un segundo plano. Sin embargo hasta 1983 no se
retoma la técnica, con un nuevo abordaje transperineal cerrado. En dicho año,
Holm et al.5 reportan su método mediante un
abordaje transperineal cerrado para la braquiterapia prostática (fuentes de I125)
con un template antiguo y combinada con una imagen ecográfica obtenida vía
transrrectal. Este abordaje fue posteriormente modificado por investigadores en
Seattle, aplicando esta modalidad de tratamiento a sus primeros pacientes en
Noviembre de 1985. Desde entonces, el refinamiento de la técnica así como las
mejoras en el equipamiento han permitido que la braquiterapia se establezca
como una alternativa fiable de tratamiento en el cáncer de próstata
organoconfinado. En 1995 Stone y Stock6 describen
la técnica a tiempo real y desarrollan los nomogramas para cargas periféricas.
La Sociedad Americana de
Braquiterapia (ABS) recomendó la braquiterapia como monoterapia en pacientes
con estadios clínicos T1-T2a, PSA menor o igual a 10 ng/mL y Gleason igual o
menor de 6. La radioterapia externa debía ser asociada al implante en todos
aquellos pacientes con factores de alto riesgo, es decir que no cumplieran los
criterios descritos7. Sin embargo, la experiencia
y un incremento en el número de datos científicos han permitido evitar en
muchas ocasiones la radioterapia externa en función de la calidad del implante
y la ubicación de las semillas. Así, de acuerdo a las recomendaciones de la
ESTRO/EAU/EORTC/ABS el tratamiento con braquiterapia está indicado en pacientes
con adenocarcinoma de próstata con PSA < 10 ng/mL, Gleason <
6 y estadio clínico T1c-T2a. Será opcional en tumores con riesgo intermedio en
los que se cumpla al menos 1 de las siguientes condiciones; PSA 10-20 ng/mL o
Gleason 7 o estadio clínico T2b-T2c. Para tumores de alto riesgo, PSA > 20
ng/mL, Gleason 8-10 y/o estadio clínico T3, el tratamiento con braquiterapia es
investigacional o debe aplicarse combinado con RT externa. Está contraindicado
en pacientes con esperanza de vida inferior a 5 años o con enfermedad
metástasica.
Analizamos a continuación
distintas variables a considerar a la hora de seleccionar pacientes candidatos
a tratamiento con braquiterapia:
- Tamaño prostático: El tamaño prostático en sí mismo no es una
contraindicación relativa para el implante, como se creía en un principio, al
pensar que era técnicamente más difícil y que asociaba una mayor morbilidad
urinaria. Aportaciones recientes indican que próstatas grandes pueden ser
implantadas con una aceptable morbilidad8,9.
Así, Merrick et al. no encontraron asociación entre el
volumen prostático y el análisis dosimétrico de la calidad del implante10. En próstatas grandes, la interferencia del arco
púbico en la inserción de las agujas puede solucionarse con maniobras
sencillas, colocando al paciente en una posición de litotomía extendida o
dirigiendo las agujas alrededor del arco púbico.
- Edad: La tolerabilidad de la braquiterapia es similar para
pacientes jóvenes y añosos. Su aplicación en pacientes jóvenes ha demostrado
excelentes tasas de supervivencia libres de recidiva biológica a 7 años de
seguimiento11. Solo está contraindicada la
braquiterapia cuando la esperanza de vida es inferior a 5 años.
- IPSS pre-implante: Aunque los pacientes con mayor clínica
obstructiva miccional preimplante son los que mayor riesgo de retención
urinaria postimplante tienen, la relación entre el IPSS pre-implante y la
obstrucción urinaria post-implante es algo controvertida. Así, Terk et al.12 relacionaron el IPSS categorizado con el riesgo de
retención urinaria, así a mayor IPSS, mayor riesgo de retención. Sin embargo,
Merrick et al. utilizando tratamiento con
a-bloqueantes previo y mantenido tras el implante no encontraron correlación
entre el IPSS y el riesgo de retención urinaria13.
Un estudio prospectivo encontró una correlación débil entre el IPSS y el riesgo
de retención urinaria o disfunción miccional. En este estudio ni los datos
urodinámicos, ni el residuo postmiccional, ni el flujo máximo, ni la uretrocistoscopia
pre-implante predijeron la retención urinaria14.
- Prostatitis: No existe evidencia que la presencia histológica de
prostatitis tenga relación con la morbilidad urinaria posterior al implante15.
- RTU-P previa: Desde la aplicación del tipo de implante periférico,
limitando la dosis aplicada a la uretra, el riesgo de incontinencia en estos
enfermos ha disminuido notablemente. La tasa de incontinencia en estos
pacientes es inferior al 6%16. La resección
transuretral previa no contraindica la braquiterapia siempre y cuando exista
suficiente tejido prostático para implantar semillas.
-Variables histológicas de mal pronóstico: Tumores con alto grado de
Gleason, invasión perineural y alta carga tumoral en la biopsia se han
correlacionado con alta probabilidad de extensión extracapsular. Sin embargo,
basándonos en resultados obtenidos del estudio de las piezas de prostatectomía
radical, se mostró que en aquellos pacientes en los que existía invasión
capsular, en la mayoría esta extensión no superaba los 5 mm17.
Este dato anatomo-patológico indica que en estos casos la braquiterapia sola o
combinada con radioterapia externa podría esterilizar la extensión extraprostática,
dado que un margen de 4 mm extracapsular es cubierto por el implante de
semillas radiactivas. Así, distintas series publicadas han obtenido buenos
resultados en estos pacientes de alto riesgo mediante una técnica agresiva
locorregional. Estas técnicas combinan la braquiterapia con radiación externa,
planificando el volumen diana con amplios márgenes periprostáticos con
liberación de dosis terapéuticas de irradiación a la glándula prostática,
región extracapsular y vesículas seminales, obteniendo supervivencias
actuariales libres de recaída biológica a 5 años superiores al 70%18-20. Buenos resultados se han
obtenido también en pacientes con tumores con un Gleason 8-10, mediante
tratamiento con radioterapia externa, reduciendo su probabilidad de falecimento21. Do et al., también encontraron en tumores de alto
riesgo que la prostatectomía radical combinada con irradiación externa,
mostraba mayor probabilidad de supervivencia que ambas técnicas por separado
(probabilidad de supervivencia libre de enfermedad a 5 años del 80% para
cirugía mas radioterapia, 60% para radioterapia y 35% para cirugía)22. Así, formas histológicas agresivas no parecen ser una
contraindicación absoluta para la braquiterapia, pero en estos casos se debe
considerar la combinación con irradiación externa. Si la opción de tratamiento
elegida es la braquiterapia en monoterapia, ésta requerirá una técnica
meticulosa con unos márgenes periprostáticos amplios con la colocación de
semillas en localización extraprostática. La dosimetría postimplante deberá
confirmar la correcta irradiación de la glándula prostática y de la regiones
extracapsulares23.
-Obesidad: La obesidad no suele suponer, a diferencia de la cirugía
abierta o la RT externa, mayores dificultades técnicas para su realización ni
modifica los resultados a largo plazo24.
- Enfermedad inflamatoria intestinal: La colitis ulcerosa y la
enteritis son contraindicaciones relativas para el tratamiento con
radioterapia. Sin embargo, Grann et al. no
evidenciaron morbilidad gastrointestinal asociada al implante con braquiterapia
con I125 en pacientes con estas afecciones25.
TÉCNICA DE IMPLANTACIÓN
La implantación de semillas
requiere anestesia regional o general. El implante puede ser temporal o
permanente. En los implantes temporales las fuentes radioactivas son
depositadas por un tiempo limitado en la glándula prostática y luego retiradas,
a diferencia de los permanentes que son implantados de forma indefinida y cuya
actividad decae de forma progresiva hasta un estado inerte en un tiempo
predecible.
Los implantes temporales eran
realizados de forma exclusiva con Iridio 192. La mayoría de este tipo de
implantes han sido de baja tasa y durante un máximo de tres días. También
podían ser de alta tasa aplicados durante unas horas. Tradicionalmente los
implantes temporales precisaban de una laparotomía y guías intraoperatorias de
las agujas transperineales, pero actualmente al igual que ocurre en los
implantes permanentes de baja tasa con semillas, las mejoras tecnológicas han
permitido el uso de guías ultrasónicas evitando la laparotomía al paciente26.
Los implantes permanentes mediante
el abordaje transperineal mejoró los resultados de las técnicas previas
retropúbicas, al conseguir incrementar la uniformidad en la distribución de la
carga o dosis, aportando mayor calidad al implante y reduciendo la morbilidad
del tratamiento. Los avances tecnológicos más importantes han sido las mejoras
en la imagen por ecografía transrrectal, que permitieron la visualización
intraoperatoria de la inserción de las agujas dentro de la próstata. La
posibilidad de visualización en tiempo real de la inserción de las agujas ha
permitido aumentar la exactitud del implante y reducir la morbilidad de la
técnica. También ha sido reducida al utilizar agujas más atraumáticas, finas e
incrementar la exactitud de su colocación al utilizar un template transperineal
rígido, con un diseño estandarizado en forma de grid con agujeros distribuidos
de forma simétrica y paralelos entre ellos.
Los isótopos más frecuentemente
utilizados en los implantes permanentes son el I125 y el Pd103.
El Pd103 es habitualmente usado para pacientes con alto riesgo en
que esta técnica se combina con la irradiación externa o en pacientes con
Gleason superior a 727.
La elección de un isótopo u otro
está en función de su energía y su vida media. La radiación de fuentes de alta
energía como el Iridio 192 y el Au198 penetra más en el tejido, de
tal forma que la posición de las fuentes es menos crítica para alcanzar una
dosis homogénea. Sin embargo la mayor penetración dentro del tejido puede ir
asociado a un mayor daño del tejido no patológico, causando potencialmente
mayores complicaciones y limitando la dosis a aplicar al volumen diana. La
irradiación con fuentes de baja o moderada energía tales como el I125
y el Pd103 (las más utilizadas) liberan una dosis más confinada a la
próstata pero su colocación exige una mayor precisión para evitar áreas
infradosificadas (áreas frías) debido a su menor penetración en el tejido. En
implantes permanentes el más usado es el I125, caracterizándose por
una baja energía (27keV) y una vida media de 60 días. Su actividad a los 6
meses es del 10% y al año del 0%. La ventaja de trabajar con una baja energía
radica en la mayor radioprotección del personal médico y en una mayor
protección del tejido sano que rodea la zona tratada. Sin embargo por este
mismo motivo la ubicación de las fuentes debe ser lo más precisa posible, dado
que el riesgo de una distribución no homogénea de las cargas es mayor. El Pd103
tiene una energía similar al I125 (21 keV) pero con una vida media
más corta (17 días), lo que obliga a utilizar una tasa más alta y mayor número
de semillas. Es útil en tumores pobremente indiferenciados con tasas de
proliferación celular altas26. Su actividad a los 2 meses es del 10%
y a los 6 meses del 0%.
Analizaremos a continuación el
implante permanente como método de tratamiento del cáncer prostático
organoconfinado.
EFECTOS DE LA IRRADIACIÓN
La fuente radiactiva emite fotones
incidentes a nivel celular, que producen dos tipos de efectos:
a) Efecto directo: Los fotones son
absorbidos por macromoléculas celulares (DNA, RNA, proteínas, enzimas)
induciéndoles un daño irreversible y conduciendo a la célula a la muerte
celular.
b) Efecto indirecto: La
irradiación es absorbida por el medio en el que están suspendidas las moléculas
(agua), disociando la molécula de agua en radicales tóxicos para la célula,
llevándola a su muerte.
IMPLANTE PERMANENTE
Las partes de un implante
permanente son:
1) Planificación: Se planifica la
teórica distribución de las semillas.
2) Implante: La colocación de las
semillas.
3) Postplanificación: Evaluación
de la calidad del implante.
POSICIÓN DEL PACIENTE
La realización de esta técnica
precisa de anestesia general o raquídea. La posición del paciente es de
litotomía dorsal forzada con previa cateterización vesical. El intensificador
de imagen fluoroscópica con un brazo en C debe ser colocado sobre la vejiga y
próstata. La imagen ecográfica es obtenida mediante una sonda biplanar
transrrectal (Fig. 1).

FIGURA 1. Sonda biplanar transrectal durante el
implante permanente de semillas.
FASES DEL IMPLANTE
Planificación: La planificación se realiza mediante la obtención
de la imagen ecográfica transrrectal de la próstata, determinando su volumen
tras dividir en cortes ecográficos de 0,5 cm la próstata desde el ápex hasta la
base. Esta información puede ser obtenida previa al procedimiento definitivo o
intraoperatoriamente. Tras la obtención de la imagen, la distribución apropiada
de las fuentes se determina por optimización de la dosis total de tratamiento
obtenida con la ayuda de software específico, que delimita la dosis liberada en
la próstata evitando que recto y uretra reciban excesiva irradiación. Las
fuentes habitualmente se planifican a 1 cm unas de otras, debido a la limitación
de los templates perineales que restringen el espacio de sus orificios a 0,5-1
cm1.
Implante. (procedimiento de
braquiterapia): La imagen ecográfica transrrectal ayudada o no de una imagen
fluoroscópica permite la visualización directa del proceso de inserción de la
aguja. Las mejoras técnicas en la imagen ecográfica transrrectal permitiendo
planos axiales y longitudinales, ayudan a la colocación exacta de las agujas.
Una vez la aguja ha sido correctamente insertada (con las semillas a lo largo
de su trayecto), las semillas son colocadas desde la base de la próstata hasta
el ápex en la coordenada seleccionada. La próstata es un órgano elástico,
móvil, por lo que una monitorización en el momento de la inserción de la aguja
es necesaria ya que la propia inserción de la aguja produce un movimiento de
distorsión que puede alterar la posición final de la aguja. La monitorización
de la inserción permite reconocer y recolocar la aguja si fuera necesario.
Evaluación postimplante: La calidad del implante se evalúa
mediante un análisis dosimétrico basado en imágenes obtenidas por TAC o RMN a
las 4 semanas postimplante. Esta evaluación permite obtener información acerca
de la cobertura y uniformidad del implante. También permite la posibilidad de
comparar distintas técnicas intraoperatorias y proporciona una base teórica
para mejorar la técnica de implantación. Aunque la TAC se realiza en la
planificación prostática previa a irradiación externa, su uso en braquiterapia
es controvertido. Dicha controversia surge de los cambios que aparecen tras el
implante en el que el contorneo exacto de la próstata no es posible debido al
edema y a la degradación de la imagen por el implante de semillas metálicas.
Por otra parte existe una tendencia a sobrestimar el volumen prostático por
parte del TAC respecto a la ecografía transrrectal. El momento de realizarlo
también es controvertido. Algunos autores recomiendan su realización al 30º día
posterior al implante para permitir que el edema se haya reducido. Otros
autores proponen su realización en el día 0, cuando el edema postimplante es
máximo, lo que permite un mayor aprendizaje de cara a mejorar la técnica de
implantación. En técnicas intraoperatorias permite evaluar el implante de forma
inmediata28,29. La mayoría de
los autores miden la calidad del implante en términos de D90 (dosis recibida
por el 90% del volumen diana), V100 (porcentaje del volumen prostático que
recibe el 100% de la dosis) y V150 (porcentaje del volumen prostático que
recibe el 150% de la dosis planificada), aunque la definición de calidad del
implante permanece controvertida. Otros autores piensan que la dosimetría
uretral y rectal debería ser incluida en la definición como variables predictoras
de complicaciones23. En nuestra unidad utilizamos
en la evaluación dosimétrica postimplante al 30º día, la fusión entre la imagen
del TAC y la RMN, junto a la realización de una radiografía simple. La TAC
localiza muy bien las semillas, pero no los límites prostáticos. La RMN
gradiente localiza bien las semillas y la RMN T2 proporciona una
mejor visualización anatómica. La fusión se realiza haciendo coincidir las
semillas de ambas técnicas, prescindiendo de las referencias óseas para la
fusión. El cálculo dosimétrico lo realizamos con el software Simuplan.
TIPOS DE TÉCNICAS
Los tipos de técnicas de
implantación permanente de semillas radiactivas vía transperineal son:
Técnica de la pre-planificación o “método de
Seattle”: El
implante de las semillas va precedido de una preplanificación ambulatoria
dos-tres semanas antes del implante. La preplanificación consiste en una
ecografía transrrectal realizando cortes cada 5 mm desde la base hasta el ápex,
con cálculo del volumen prostático por el software del ecógrafo. Las imágenes
son transferidas a un ordenador para planificar la posición de las semillas y
el cálculo de las dosis. El principal problema de esta técnica es la dificultad
en reproducir la planificación, la necesidad de compensar el movimiento de la
próstata durante el implante y la obligación de pinchar en coordenada prevista
del preimplante. El implante de las semillas se realiza mediante un template,
vía transperineal y tras haber reproducido el preplan, confirmando que la
colocación de las mismas se realiza de acuerdo al plan previo. Las semillas son
insertadas mediante agujas precargadas con las semillas unidas en hebras de
ácido poliglicólico o mediante semillas sueltas con el aplicador de Mick. Este
tipo de técnica no previene la posible interferencia del arco púbico y existe
un mayor riesgo de complicaciones ante situaciones especiales como pacientes
adenomectomizados o en rescate. La postplanificación se realiza 4 semanas
después mediante TAC sin poder corregir las zonas no dosificadas adecuadamente
a diferencia de la técnica a tiempo real30. Su
principal desventaja es la discordancia que puede surgir entre la imagen
obtenida en la planificación y el implante definitivo.
Planificación intraoperatoria interactiva a tiempo
real: Es la técnica
más novedosa en braquiterapia prostática y su principal ventaja es que permite
realizar correcciones intraoperatorias, aumentando la exactitud del implante en
un solo acto al colocar la aguja directamente sin obligación de seguir una
coordenada (a diferencia del método anterior). Previo a la implantación el
volumen prostático es medido mediante ecografía transrrectal con planos de 5 mm
desde la base al ápex. La cantidad apropiada de actividad es calculada en base
a tablas de volumen-actividad, planificando el implante en el propio quirófano.
La actividad total obtenida de acuerdo al volumen es dividida por la actividad
por semilla (0,3-0,5mCi por semilla para el I125 y 1,0 a 1,5 mCi por
semilla para el Pd103), obteniendo el número total de semillas a
implantar. Tras determinar el número de semillas a implantar se realizan cortes
ecográficos transversales y longitudinales a la próstata, midiendo las
distancias anteriores y posteriores a la uretra. Estas medidas permiten
determinar el espacio entre las semillas en el implante. Este tipo de implante
permite realizar una postplanificación intraoperatoria por ecografía sin
necesidad de realizar una TAC a las 4 semanas, aunque otros autores lo
recomiendan. Por todo ello el número de complicaciones es menor y el manejo de
situaciones especiales como pacientes adenomectomizados también se asocia a un
menor número de complicaciones30. Su principal
desventaja es el tiempo quirúrgico que consume y la imposibilidad de tener
preparadas las semillas exactas a implantar para un determinado paciente.
TIPO DE IMPLANTE
Los implantes pueden ser uniformes
a lo largo de toda la glándula, periféricos respetando la zona central
periuretral o con criterios de ambos (periférico modificado). En la actualidad
el implante uniforme de las fuentes ha sido abandonado en favor del periférico
o el periférico modificado. El más utilizado es el periférico modificado en el
que la mayor carga recae en la zona periférica, reduciendo la carga en la zona
periuretral, a diferencia del periférico en el que todas las cargas recaen
estrictamente en la zona periférica. Sin embargo en las técnicas actuales el
cálculo conformacional de la dosimetría del implante se realiza de forma individualizada
y adaptada a la anatomía de la próstata a tratar, en lugar de un cálculo
arbitrario sobre un volumen diana1.
RESULTADOS DE LA BRAQUITERAPIA DE BAJA TASA
La mayoría de las publicaciones de
braquiterapia prostática muestran resultados oncológicos comparables a los más
positivos de series de prostatectomía radical y radioterapia externa, con bajas
tasas de incontinencia, lesión rectal y con aceptables tasas de disfunción
sexual31. A causa de la existencia hoy en día de
múltiples opciones efectivas de tratamiento para el cáncer de próstata
localizado y la ausencia de ensayos clínicos prospectivos, existe numerosas
controversias de acuerdo a las ventajas de un tratamiento sobre otro. Del mismo
modo, en las distintas series de braquiterapia publicadas, existen diferencias
en los criterios de selección de los pacientes, en las definiciones de recaída
biológica, en las variantes técnicas utilizadas así como diferencias en la
experiencia de los facultativos que la realizan. Por ello, desde una
perspectiva basada en la evidencia, el valor de los resultados o la comparación
de los mismos deben ser considerados con limitaciones. Serían necesarios
estudios multicéntricos, prospectivos y aleatorizados.
El análisis de los resultados lo
analizaremos en función del riesgo del tumor. Los resultados de las principales
series se muestran en las Tablas 1, 2 y 3.
Tabla 1
Supervivencia libre de recaída
bioquímica tras tratamiento con braquiterapia prostática como modalidad única
de tratamiento
|
|
nº pac |
P/I |
T1/T2 (%) |
GS>6 (%) |
PSA |
T. seguimiento |
bSLE % |
|
Blasko (1995)37 |
197 |
I |
19/81 |
0 |
7.0 |
36 |
93 (5) |
|
Beyer (1997)79 |
489 |
I |
13/87 |
12 |
7.3 |
34 |
67-96 (5) |
|
Stokes (1997)80 |
142 |
I |
15/85 |
0 |
10.6* |
30 |
76 (5) |
|
Grado (1998)81 |
392 |
I/P |
6/92 |
20 |
7.3 |
30 |
80 (5) |
|
Sharkey (1998)82 |
224 |
P |
5/95 |
26 |
7.4 |
27 |
50 (3) |
|
Storey (1999)83 |
193 |
I |
24/76 |
13 |
8.65 |
NE |
63 (5) |
|
Blasko (2000)18 |
230 |
P |
30/70 |
40 |
7.3 |
41.5 |
83.5 (9) |
|
Radge (2000)84 |
147 |
I |
22/78 |
0 |
8.8* |
93 |
66 (12) |
|
Zelefsky (2000)33 |
248^ |
I |
58/42 |
25 |
7 |
48 |
71 (5) |
|
Brachman (2000)42 |
695 |
I/P |
17/83 |
15 |
NE |
51 |
64 (7) |
|
Ragde (2001)85 |
769 |
I/P |
|
|
|
71 |
77 (13) |
|
Grimm (2001)32 |
125 |
I |
24/76 |
0 |
5.1 |
78 |
85 (10) |
|
Kwok (2002)39 |
102 |
I |
29/71 |
31,6 |
ND |
74 |
57 (5) |
|
Batterman (2004)40 |
351 |
I |
58/42 |
NE |
10.8 |
48 |
64 (5) |
|
|
119´ |
I/P |
NE |
NE |
6.9 |
65 |
98.3 (7) |
|
Potters (2005)34 |
1449 |
I/P |
61/39 |
28 |
7.2 |
82 |
81 (12) |
|
|
202 |
I/P |
NE |
NE |
NE |
65 |
95.3 (8) |
|
Stone (2005)43 |
279^^ |
I |
40/60 |
2,2 |
NE |
72 |
78 (10) |
|
bSLE: supervivencia libre de recaída bioquímica I/P: Yodo 125, Paladio 103 * media PSA ^^ 64 pacientes recibieron deprivación androgénica
durante 5 ó 6 meses tras el implante. ^ 31 pacientes tratados con
deprivación androgénica previo al implante. ´ Sólo incluye pacientes de edad igual o menor de
62 años. NE no especificad. |
|||||||
Tabla 2
Supervivencia libre de recaída
bioquímica tras tratamiento con braquiterapia prostática según grupos de riesgo
|
|
Bajo riesgo |
bSLE(%) |
Riesgo intermedio |
bSLE(%) |
Alto riesgo |
bSLE(%) |
|
|
||||||
|
D´Amico (1998)38 |
32 |
88 (5) |
15 |
32 (5) |
19 |
NE |
|
Stone (1999)30 |
109 |
91 (4) |
152 |
85-58 (4)^ |
40 |
71 (3)^ |
|
Blasco (2000)18 |
103 |
92 (5) |
107 |
82 (5) |
20 |
65 (5) |
|
Zelefsky (2000)33 |
112 |
88 (5) |
92 |
77 (5) |
22 |
38 (5) |
|
Grimm (2001)32 |
97 |
87 (10)* |
27 |
79 (10)* |
NE |
NE |
|
Kwok (2002)39 |
41 |
85 (5)* |
33 |
63 (5)* |
28 |
24 (5)* |
|
Merrick (2004)11´ |
59 |
98.3 (7) |
39 |
100 (7) |
21 |
95.2 (7)^ |
|
Batterman (2004)40 |
116 |
91 (5) |
114 |
75 (5) |
121 |
54 (5) |
|
Stone (2005)43 |
146 |
91.3 (10) |
— |
— |
133 |
66.1 (10)´´ |
|
Potters (2005)34 |
481 |
91 (12) |
554 |
80 (12) |
418 |
66 (12)^ |
|
´ Sólo incluye pacientes de edad igual o menor de
62 años. * supervivencia estimada ´´ 66 pacientes recibieron deprivación androgénica
por volumen prostático alto o por ser de alto riesgo. ^ RT adyuvante. En el grupo de riesgo intermedio
de Stone (1999) la mitad recibieron RT externa adyuvante. En este mismo
grupo, el 85 % corresponde a los que recibieron hormonoterapia adyuvante y el
58% a los que no la recibieron. En la serie de Potters et al. el 20% del grupo de alto riesgo recibieron RT. |
||||||
Tabla 3
Principales series españolas
|
|
nº pac |
P/I |
T1/T2 (%) |
GS>6 (%) |
PSA |
T. seguimiento (mediana en meses)% |
bSLE (años) |
|
Prada (2005)58 |
275 |
I |
NE |
6 |
9.65* |
31* |
99 (5) |
|
Aguiló (2005)87 |
130 |
I |
76/24 |
2 |
6.38* |
6* |
88.7 (2) |
|
Guinot (2005)*88 |
130 |
I |
61/39 |
3 |
7.1 |
16 |
95 (3) |
|
Tormo (2006)^ |
96 |
I |
59/41 |
16.6 |
7 |
12 |
98.7 (1) |
|
* Media * Datos no publicados (Fundación IVO de Valencia). ^ Datos no publicados (HU La Fe de Valencia). |
|||||||
- Tumores de bajo riesgo: Se incluyen en este grupo
tumores de Gleason < 6, PSA< 10 ng/mL y estadio clínico T1c-T2a de
la clasificación de la AJCC de 1997. La braquiterapia aplicada a este grupo de
tumores muestra una supervivencia libre de recidiva bioquímica entorno al
87-96% a 5-10 años de seguimiento según las series publicadas11,18,32-37.
- Tumores de riesgo intermedio: Se incluyen en este grupo
tumores de Gleason 7 o PSA entre 10 y 20 ng/mL o estadio clínico T2b-c (AJCC
1997). Blasko et al. reportaron para este grupo de
riesgo una supervivencia libre de progresión del 82% a 9 años con Pd103.
La combinación con radioterapia externa no incrementó a 5 años la supervivencia
libre de recaída biológica18. Merrick et al. obtuvieron una supervivencia libre de enfermedad a 6 años
del 97% mediante la combinación de la braquiterapia con radioterapia externa en
pacientes menores de 62 años. En este grupo de pacientes no hubo diferencias en
la supervivencia en el Gleason 7, con predominio o no del factor 4 (90% a 5 años
de seguimiento)20. Otras series con braquiterapia
como modalidad única de tratamiento en este grupo de riesgo, obtuvieron
supervivencias libres de enfermedad del 32-82% a 5 años de seguimiento18,30,32,33,38-40.
- Tumores de alto riesgo: Se incluyen pacientes con
tumores con 2 ó 3 factores de riesgo intermedio tumores con Gleason 8-10, PSA
> 20 ng/mL o estadio > cT2c. En este grupo los resultados son dispares.
Así, Dattoli et al. comunicaron una supervivencia
libre de enfermedad a 5 años del 76% en pacientes tratados con radioterapia
externa y braquiterapia posterior con Pd103 19.
El mismo grupo observó una supervivencia libre de enfermedad a 5 años del 62%
en pacientes con tumores con Gleason 8-10 y del 70% para tumores con un PSA
pretratamiento > 20 ng/mL41. Sin embargo otras
series no obtuvieron resultados tan favorables para los grupos de alto e
intermedio riesgo. Así, Brachman et al. obtuvieron una
supervivencia libre de recaída biológica del 28% a 5 años para tumores con
Gleason mayor de 7 y del 53% para tumores con PSA pretratamiento entre 10-20
ng/mL, utilizando la braquiterapia como tratamiento único42.
En la misma línea D´Amico et al. observaron una
supervivencia que no superaba el 32% a 5 años en pacientes con riesgo
intermedio o alto38. En ninguno de estos dos
trabajos se hace referencia a la dosimetría postimplante. Así pues, los
resultados de la braquiterapia en monoterapia en este grupo de riesgo muestran
supervivencias del 38-65 a 5 años18,33,40. Con radioterapia adyuvante se han obtenido
supervivencias del 66-95% a más de 5 años según series30
y con hormonoterapia adyuvante del 66,1% a 5 años11,34,43. Hay que tener en cuenta que las
aportaciones en este grupo de riesgo son más limitadas y con grupos de
pacientes más heterogéneos.
TRATAMIENTO HORMONAL ADYUVANTE
Varios ensayos clínicos
prospectivos han demostrado que el tratamiento hormonal adyuvante con dosis
convencionales de radioterapia externa (65-70 Gy) en pacientes con tumores
localmente avanzados de próstata mejoran las tasas de supervivencia libre de
enfermedad y cáncer-especifica. Su beneficio probablemente sea debido a la
imposibilidad de la radioterapia en monoterapia para terminar con volúmenes
tumorales extensos44.
Sin embargo, en tratamientos con
braquiterapia no existe evidencia clínica que la manipulación hormonal incremente
las tasas de supervivencia libre de enfermedad y cáncer específica. Sólo
estudios recientes y a muy corto plazo han mostrado un posible beneficio45. Su uso sólo se indica en monoterapia, para disminuir
el volumen inicial de la próstata.
El motivo de asociar a la
braquiterapia una irradiación externa radica en aumentar la cobertura tisular
periprostática en tumores de alto riesgo. Inicialmente era utilizada en tumores
con PSA pretratamiento > 10 ng/mL, un estadio > T2b y/o
Gleason > 7. Sin embargo, la aplicación de radioterapia suplementaria
ha sido cuestionada debido a los buenos resultados de la braquiterapia en
monoterapia en pacientes con Gleason y/o PSA pretratamiento alto. Estos
resultados se han conseguido mediante un implante con un generoso margen
periprostático. En estos casos, la radioterapia suplementaria no parece
aumentar la supervivencia libre de recaída bioquímica en tumores de bajo,
intermedio y alto riesgo18,20,35,37,42 con curvas
a 5 años libres de progresión bioquímica superponibles a las de braquiterapia
como única modalidad de tratamiento18,36,37.
PSA SPIKES
Se define con este término a una
elevación temporal del PSA que ocurre en un tercio de los pacientes, entre los
12 y 30 meses posteriores al implante. Su mecanismo de producción probablemente
sea un daño de la membrana celular del epitelio glandular secundario a una
inflamación inducida por la radioterapia. Estas elevaciones de PSA no muestran
un impacto negativo en la recaída bioquímica a largo plazo41,46.
Los efectos secundarios de la
braquiterapia pueden ser clasificados en dos grandes grupos en función del
tiempo de aparición: aquellos que aparecen durante el primer año después del
implante (complicaciones agudas o a corto plazo), y los que lo hacen tras el
primer año de seguimiento (complicaciones crónicas o a largo plazo)47.
COMPLICACIONES A CORTO PLAZO
Están causadas por los efectos
agudos de la radiación y por el traumatismo que se produce durante el implante
de las semillas. El implante de las semillas puede producir un hematoma
perineal subcutáneo, equimosis, edema y sangrado perineal. Si durante la
colocación de las agujas se punciona el cuello vesical o la uretra, puede
aparecer hematuria e incluso retención urinaria aguda (RAO) por coágulos47. La morbilidad debida a la radiación aguda está en
función de la dosis recibida por la uretra, la próstata, el recto y los haces
neurovasculares. Ésta será mayor en intensidad y frecuencia en los pacientes
que reciben braquiterapia combinada con radioterapia externa. Suele
manifestarse en el primer-tercer mes tras el implante y luego va disminuyendo
progresivamente a medida que la radioactividad del isotopo se reduce. Cada
isótopo tiene unas características radiobiológicas distintas, lo que puede
condicionar el momento de aparición o el pico de intensidad de los síntomas.
a) Complicaciones urológicas agudas
- Síndrome miccional obstructivo y retención urinaria: Suelen
aparecer en el 50% de los pacientes. Se manifiestan principalmente con disuria
y debilidad del chorro miccional, lo que ocasiona un deterioro significativo en
el flujo medio y máximo de la flujometría libre urinaria y un aumento en el
IPSS. Los cambios observados en la medición del residuo post-miccional son
menos significativos48.
Los cambios más significativos en
el IPSS suelen aparecer en la fase aguda y progresivamente se reducen en 1 ó 2
años hasta alcanzar el nivel previo49. Los
principales factores de riesgo implicados en las disfunciones de vaciado previo
al implante son, un IPSS alto (>8) y la necesidad de tratamiento con
a-bloqueantes previo a la braquiterapia48. Terk
et al.12 demostraron que el riesgo de retención
urinaria era del 2% si el IPSS pre-implante era <10, del 11% si el IPSS
estaba entre 10-19 y del 29% si el IPSS era >20. Gelblum50
relacionó al volumen prostático (>35 cm3) con el riesgo de
retención urinaria, aunque para otros autores ni el volumen de la próstata, ni
la edad, ni el estadio clínico, ni el PSA, ni el Gleason mostraron relación con
el riesgo de retención urinaria12,48.
La RAO ocurre habitualmente al día siguiente del implante y probablemente está
relacionada con el edema post-implante y los efectos de los agentes
anestésicos, ya que la radiación liberada es todavía insignificante12. Pese a todo ello, el índice de retenciones urinarias
es bajo, entorno al 1,5-27%12,47,50-53, y se suele resolver con la
colocación de una sonda vesical por espacio de unas semanas y tratamiento
médico con a-bloqueantes. Pocos de estos pacientes (0-8,7%) requerirán una
resección transuretral de próstata (RTU-P) desobstructiva por RAO refractaria.
En caso de tener que llevar a cabo
una RTU-P hay que esperar un tiempo mínimo de seguridad después del implante,
unos seis meses para el I125 y dos meses para el Pd103,
tiempo en el que el 90% de la radiación ha sido emitida. La RTU-P a fin de
evitar la incontinencia urinaria post-implante, debe ser cuidadosa, comenzando
la resección por el lóbulo medio y posteriormente resecando los lóbulos
laterales. Se debe intentar conservar el cuello vesical a las 5 y las 7h para
preservar la principal irrigación de la uretra prostática. La resección del
tejido de los lóbulos laterales debe ser mínima, teniendo extremo cuidado con
la resección del ápex, quitando una cantidad mínima de tejido sólo si es
necesario, ya que podría estar ya comprometido por la exposición a la radiación
previa47,54. Mediante la RTU-P
se obtendrán una media por resección de 5 a 10 semillas del interior de la
próstata. Cuando una semilla es expuesta en la resección o el movimiento de
corte con el asa de resección nota resistencia, se debe realizar un corte más
profundo recolocando el asa. Esta maniobra facilita la retirada posterior de
las semillas con el evacuador Ellik. Las semillas deben ser recogidas y
entregadas en la oficina de seguridad de radiación para una eliminación
adecuada. Posteriormente debe dejarse una sonda de 20-22 Fr durante una media
de 2 días54. La RTU-P no debe ser inmediata a la
retención para diferenciar los pacientes con una retención urinaria refractaria
de los que presentan una retención prolongada, en los que el mantenimiento por
un tiempo prolongado de la sonda vesical resolverá el cuadro12.
Las tasas de incontinencia
post-RTU-P tras braquiterapia oscilan entre el 18-70% según las series
publicadas (Tabla 4). El tiempo óptimo de espera para una RTU-P tras
tratamiento con radiación es controvertido. Así, estudios realizados en
pacientes tratados con radioterapia externa sugieren que la tasa de
incontinencia post RTU-P aumenta cuanto menor sea el tiempo transcurrido desde
la radiación55. Sin embargo, Kollmeier et al.,
observaron tasas de incontinencia mayores en pacientes tratados con
braquiterapia y RTU-P posterior, cuando ésta se realizaba a partir de los dos
años postimplante. Los pacientes con retención secundaria al edema agudo del
implante tenían menor probabilidad de retención tras una RTU-P que aquellos que
presentaban síntomas obstructivos tardíos (tras 2 años) probablemente
secundarios a la fibrosis inducida por la irradiación54.
Sin embargo la principal limitación de este estudio es su corta muestra (38
pacientes con RTU-P), por lo que son necesarios más estudios, con mayor número
de pacientes, que permitan aclarar el tiempo óptimo de espera previo a una
RTU-P.
Tabla 4
Incontinencia urinaria post RTU-P
en pacientes tratados con braquiterapia prostática
|
|
nº pac |
Tratamiento |
Incontinencia |
Correlación |
|
Hu89 |
10 |
Implante I125 |
7 (70) |
Dosis máx uretral > 400 Gy |
|
Gelblum50 |
28 |
Implante ± RT |
5 (17) |
ninguna |
|
Koutrouvelis90 |
11 |
Implante I125 o Pd103 |
3 (27) |
ninguna |
|
Kollmeier54 |
38 |
Implante I125 o Pd103
± RT |
7 (18) |
ninguna |
|
RT: radioterapia externa |
||||
El uso de un a-bloqueante no
reduce el riesgo de retención prolongada (más de 3 días) ni reduce la necesidad
de una cirugía desobstructiva postimplante49.
Sólo aquellos pacientes que recibieron el tratamiento con un a-bloqueante de
forma profiláctica, alcanzaron antes el nivel basal de IPSS previo al implante
que aquellos que no lo recibieron o lo recibieron de forma terapéutica13.
- Síndrome miccional irritativo: Es, sin duda, el efecto secundario
más frecuente, presente en el 46-66% de los pacientes48,56, y se manifiesta como escozor al orinar,
frecuencia-urgencia, nicturia acompañado en ocasiones de hematuria.
La sintomatología miccional
secundaria a la radiación recibida sobre vejiga es clasificada por la Radiation
Therapy Oncology Group (RTOG) en cinco grados. La toxicidad grado 0 implica la
ausencia de cambios y la toxicidad grado 1 indica una ligera atrofia epitelial
o una telangiectasia menor, pudiendo haber microhematuria. En la toxicidad
grado 2 existe una telangiectasia generalizada, frecuencia miccional moderada y
hematuria macroscópica intermitente. En la grado 3 la frecuencia miccional es
severa, con escozor intenso al orinar, telangiectasia generalizada severa (a
menudo con petequias), hematuria frecuente, y puede existir reducción de la
capacidad vesical (<150 ml). En la toxicidad grado 4 hay necrosis, cistitis
hemorrágica severa y reducción de la capacidad vesical (capacidad < 100 ml)
(57). Esta escala es una valoración subjetiva y no está universalmente
aceptada, aunque probablemente sea la más utilizada en la literatura.
Prada et al.58
clasifica a los pacientes con esta clínica en tres grupos en función de su
comportamiento: un tercio de sus pacientes presentan una clínica
insignificante, otro tercio presenta un síndrome irritativo-obstructivo que se
resuelve con hábitos higiénico-dietéticos, o bien con la toma de
antiinflamatorios o a-bloqueantes de forma esporádica, y el otro tercio
restante presenta una clínica de mayor intensidad, grado 1-2 de la RTOG, que
obliga a tratamiento antiinflamatorio y a-bloqueante pautado.
La relación de la sintomatología
urinaria con la dosis recibida por la próstata permanece controvertida. Así
Desai et al.49 relacionaron la elevación del IPSS
con la actividad total implantada (V80/90/95/100 y D70/90/100/150). Sin
embargo, Merrick et al.8 no encontraron
correlación entre el IPSS y la dosis uretral o las dosis totales prostáticas
aplicadas. En esta misma línea, Wallner et al.59
relacionaron la toxicidad urinaria con una máxima dosis uretral mayor al 250%
de la dosis mínima periférica. Actualmente con los implantes periféricos rara
vez la dosis uretral supera el 150% de la dosis prescrita. Por ello la
recomendación es que la dosis uretral esté entre el 100-140% de la dosis
prescrita.
La clínica aparece entre el primer
y tercer mes para luego disminuir de forma progresiva, de tal forma que
alrededor del 66-92% de los pacientes tendrán una mejoría de esta clínica con
el tiempo hasta ser mínima o indetectable en el 6º-12º mes (48, 58). No
obstante puede que algunos pacientes experimenten un cuadro de reagudización de
la clínica una vez desaparecida la misma, habitualmente de corta duración y
menor intensidad, o esta clínica no desaparezca y permanezca presente. Wallner
et al.56, detectó a los dos años del implante que
un 14% de sus pacientes tenían sintomatología urinaria persistente grado
≥ 2 de la RTOG.
- Disconfort en la eyaculación, disminución del volumen del eyaculado y
eyaculación retrógrada: aparece en un bajo de porcentaje de los pacientes y
suele desaparecer por completo en todos los enfermos con el paso del tiempo.
b) Complicaciones digestivas agudas
La manifestación más frecuente es
la proctitis, que cursa con un aumento del número de deposiciones en una o dos
veces con respecto al hábito intestinal normal, cierto grado de tenesmo rectal,
deposiciones con mucosidad, prurito y pesadez en la zona anal. Al igual que
para la clínica miccional, la RTOG clasifica en cinco grados la toxicidad
rectal. En la toxicidad grado 0 no existen cambios y en la toxicidad grado 1 se
produce diarrea o rectorragia leve, con hasta cinco deposiciones al día. En la
toxicidad grado 2 se produce una diarrea moderada, con más de cinco
deposiciones al día, mucosidad rectal excesiva o rectorragia intermitente y en
la grado 3 se produce obstrucción o rectorragia que precisa intervención
quirúrgica para su resolución. En la grado 4 se produce necrosis o perforación
de la mucosa con la aparición de fístulas57. El
pico máximo de aparición de esta sintomatología es más tardío que el de la
sintomatología urinaria, situándose en los ocho meses58
y tiene una incidencia del 2%56,58,
aunque en algunas series alcanza el 15%51, suele
ser auto-limitada.
COMPLICACIONES
A LARGO PLAZO
a) Complicaciones urológicas a largo plazo
- Estenosis uretral o del cuello vesical: Uno de los principales
factores para el desarrollo de este tipo de complicación es el antecedente de
cirugía prostática previa al implante. Ello se debe a que la uretra prostática
y el cuello vesical se encuentran muy poco vascularizados después de la
cirugía, lo que hace que toleren mal altas dosis de radiación47.
Otro factor relacionado es la dosis que recibe la uretra bulbo-membranosa, de
tal forma que una dosis ≤ 50 % de la dosis total a dicho nivel, evitaría
este tipo de complicación58. También se ha
relacionado con la colocación de las semillas en posición demasiado caudal,
justo anterior al ápex prostático. Técnicas de imagen de alta precisión y la
colocación de una sonda vesical en el momento del implante ayuda a visualizar
mejor la uretra y reducir este tipo de complicación47.
- Incontinencia urinaria: Es una de las complicaciones más
limitantes. Tiene una incidencia de 0 hasta el 40% en algunas series12,58,60, aunque es
raro que supere el 10% que aumenta en el caso de pacientes tratados con braquiterapia
combinada con radioterapia externa y en aquellos que han sido sometidos a
RTU-P, ya sea ésta realizada antes o después del implante60,
si bien otros autores no han evidenciado un aumento de incidencia cuando la
RTU-P es pre-braquiterapia61. Parece estar
relacionada con la necrosis de la uretra y los tejidos subyacentes por la
radiación62.
- Disfunción eréctil: Entre el 6 y el 53 % de los pacientes sometidos
a braquiterapia pueden desarrollar una disfunción eréctil después del implante63. El mecanismo por el que se produce una disfunción
eréctil post-implante es controvertido. Para DiBiase et al.64
estaría producida por la radiación que reciben los haces neurovasculares,
aunque esto no ha sido confirmado por otros autores65.
Merrick et al. relaciona la disfunción eréctil con la
dosis recibida por el bulbo peneano, en cuyo estudio para todos los parámetros
dosimétricos analizados (D25, D50, D70, D75, D90, y D95) la dosis recibida por
el bulbo del pene fue estadísticamente superior en los hombres que habían
desarrollado esta complicación. En el análisis multivariante la dosis recibida
por el bulbo del pene y la edad del paciente en el momento del implante
mostraron valor predictivo de disfunción eréctil post-implante66. Sin embargo estos hallazgos no han sido reproducidos
por otros autores65. El deterioro inicial de la
función eréctil debe ser atribuido al dolor y al disconfort eyaculatorio, al
ser el efecto de la braquiterapia gradual con el tiempo, a diferencia de la
prostatectomía radical, donde el efecto es inmediato, o en la radioterapia
externa, donde la función eréctil se deteriora entre los 12 y 24 meses
post-radiación63,67.
Así pues, las tasas de
preservación de la función eréctil están alrededor del 50 – 86%53,58,63 y la
mayoría de los pacientes (83-86%) responden al tratamiento con inhibidores de
la fosfodiesterasa. Este hecho se traduce en un beneficio en cuanto a calidad
de vida se refiere comparado con la prostatectomía radical, dado que en estos
pacientes la respuesta a los fármacos depende de la preservación de los haces
neurovasculares63,66.
b)
Complicaciones digestivas crónicas:
- Rectorragias intermitentes crónicas: Pueden aparecer en un 4-12% de
los casos y no suelen tener repercusión clínica. Son secundarias a cambios
post-irradiación en la mucosa rectal cercana a la zona del implante y se
controlan bien con tratamiento local sintomático58.
- Úlceras rectales y/o fístulas urinarias: Son las complicaciones más
graves relacionadas con la braquiterapia pero tienen una baja incidencia
(0,3-5,4%)51,56,58,68. Los factores que se han visto implicados en este tipo
de complicación son la dosis administrada a nivel de la mucosa rectal, la
asociación con radioterapia externa y la RTU-P previo al tratamiento. Otros
también asociados son la existencia de enfermedades asociadas como la
enfermedad inflamatoria intestinal crónica, diabetes o HTA así como la
realización de maniobras agresivas en el recto58,69. Los síntomas suelen aparecer a los 27-32 meses de
media y se manifiestan como dolor ano-rectal, deposiciones con moco, diarrea,
hematuria o rectorragia, emisión de orina por el recto, fecaluria e infecciones
urinarias recurrentes. Debido a que es una complicación de aparición tardía, es
conveniente el seguimiento de los pacientes sometidos a braquiterapia
prostática por un largo período de tiempo que no debe ser inferior a los tres
años69,70.
El tratamiento debe ser
individualizado para cada paciente y depende del tipo de fístula desarrollada.
Las posibilidades terapéuticas incluyen desde el manejo conservador mediante
observación hasta diversos tipos de derivación intestinal y urinaria,
precisando en algunos casos la realización de una cistoprostatectomía o una cistectomía69.
Un hallazgo que resulta
sorprendente es el hallazgo de tumores asociados durante la reparación de la
fístula. Según Yurdakul et al. el compromiso vascular
inducido por la radiación produciría una isquemia con endarteritis asociada que
llevaría a la formación de una fístula en la segunda o tercera década después
del tratamiento. El proceso inflamatorio inducido por la braquiterapia sería un
factor de riesgo para el desarrollo de nuevas neoplasias71,72.
Las principales complicaciones se
recogen en la Tabla 5.
Complicaciones de la braquiterapia
de baja tasa
|
Referencia |
RAO |
RTU-P |
I. urinaria |
Proctitis |
D. eréctil |
Úlceras/Fístula recal |
|
Prada (2005)58 |
(3) |
(0) |
(0) |
(2) |
(14) |
(0.3) |
|
Aguiló (2005)87 |
6 (4.35) |
– |
– |
3 (2.2) |
– |
– |
|
Wallner (1996)56 |
13 (14) |
8 (8.7) |
6 (6.5) |
5 (5.4) |
13 (14) |
5 (5.4) |
|
Terk (1998)12 |
14 (5.5) |
6 (2.4) |
v |
– |
– |
– |
|
Benoit (2000)68 |
205 (14.5) |
122 (8.7) |
95 (6.7) |
94 (6.7) |
90 (6,3) |
21 (1.5) |
|
Gelblum (1999)50 |
– |
28 (4.7) |
4 (0.7) |
– |
– |
– |
|
Sarosdy (2004)51 |
24 (24) |
5 (5.2) |
v |
15 (15.5) |
– |
– |
|
|
10 (6) |
2 (1.2) |
0 (0) |
– |
– |
– |
|
Guinot (2005)^88 |
9 (7) |
2 (1.5) |
1 (0.7) |
0 (0) |
(30)* |
1 (0.7) |
|
Tormo (2006)^ |
6 (6.25) |
2 (2.08) |
1 (1.04) |
0 (0) |
24 (25)* |
0 (0) |
|
* Con función eréctil previa preservada. ^ Datos no publicados |
||||||
La ABS en un reciente consenso ha
identificado a la morbilidad urinaria, intestinal y sexual como aquellas áreas
más frecuentemente afectadas tras el tratamiento con braquiterapia prostática.
De la misma forma, recomiendan la realización de controles prospectivos de la
toxicidad en estas áreas usando cuestionarios validados73.
Los efectos del tratamiento dependerán de las características del paciente
(edad, potencia sexual previa, etc) y del tratamiento recibido (braquiterapia
sola o combinada con RT externa).
La calidad de vida de los
pacientes sometidos a braquiterapia prostática ha sido evaluada comparándola
con otros tratamientos. Así estudios longitudinales, prospectivos pero no
randomizados, como el de Lee et al., comparan la prostatectomía radical (PR),
la RT y la braquiterapia. En este estudio, bien diseñado, aunque de corto
seguimiento, se evidenció un descenso de la calidad de vida (FACT-P) entre el
1º-3º meses para la braquiterapia y la PR, aunque mayor para ésta última. A
partir del 3º mes y hasta el año se observó una recuperación hasta los niveles
basales para ambos grupos. El grupo tratado con RT tuvo un menor descenso en la
puntuación, probablemente favorecido por el corto seguimiento del estudio, al
no evaluar la morbilidad tardía asociada a este tratamiento74.
Fulmer et al. realizaron un estudio similar,
prospectivo, longitudinal, no randomizado, pero con evaluación de síntomas
basales (urinarios y sexuales) previo al tratamiento. Los pacientes sometidos a
PR tuvieron las mejores puntuaciones basales (previas al tratamiento) en
función sexual y urinaria seguido del grupo de pacientes sometidos a braquiterapia
y a braquiterapia combinada con RT. La peor función urinaria correspondió a los
pacientes con PR (incontinencia urinaria), pero con repercusión similar en
calidad de vida que los sometidos a RT y braquiterapia probablemente debido a
los síntomas irritativos presentes en éstos últimos. El grupo de PR tuvo la
peor función sexual, comparable al grupo de braquiterapia combinada con RT a
los 18 meses de seguimiento. El grupo sometido a PR fue el de menor
recuperación porcentual con respecto a los valores basales en función sexual y
urinaria a lo largo de todo el seguimiento75.
Otros estudios, de diseño transversal y sin cuestionarios basales, como el de
Brandeis et al., no evidenciaron diferencias en calidad de vida (UCLA, PCI) entre
distintos grupos de tratamiento (PR, braquiterapia, braquiterapia más
radioterapia y controles), con una mediana de seguimiento de 7,5 meses. La
función urinaria fue mejor en controles, en pacientes sometidos a braquiterapia
y peor en pacientes tratados con PR y braquiterapia combinada con radioterapia.
La función intestinal fue peor en el grupo de braquiterapia combinada con
radioterapia y la función sexual fue preservada en el grupo de braquiterapia y
peor pero similar en puntuación entre el grupo de PR y braquiterapia más
radioterapia76. En un estudio similar, de mayor
seguimiento (22-37 meses), la braquiterapia mostró mayor sintomatología
urinaria (mayor puntuación del IPSS) que la PR, pero sin embargo mostró mejor
funcionalidad sexual y urinaria. La braquiterapia combinada con radioterapia
mostró peor función intestinal, pero mejor función sexual y urinaria que la PR77.
Sin embargo, no existe actualmente
suficiente evidencia científica que nos permita contestar adecuadamente a la
pregunta de cual es el tratamiento que menor toxicidad produce para el cáncer
de próstata organoconfinado. Son necesarios más estudios longitudinales y
randomizados, que permitan definir aquel tratamiento que repercuta menos en la
calidad de vida. Sin embargo a la hora de seleccionar una opción de tratamiento
por parte del paciente, tendrá un poderoso peso específico los efectos
secundarios esperables de dicha opción. Los datos de los que disponemos
actualmente, nos indican que la braquiterapia es probablemente la opción que
menos repercute en la función sexual y que menor incontinencia produce, pero a
expensas de un incremento de los LUTS en el primer año postratamiento. Probablemente
los resultados de SPIRIT (surgical prostatectomy vs. Intersticial radiotherpy
Intervention Trial) aclare o conteste todas estas cuestiones78.
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Correspondencia: Dr. A. Budía Alba
Servicio de Urología. Hospital
Universitario La Fe
Avda. Campanar, 21. 46009 Valencia
Tel.: 963 862 700 Ext 40686
E-mail autor: budia@pulso.com
Información artículo: Revisión –
Cáncer de próstata
Trabajo recibido: febrero 2007
Trabajo aceptado: abril 2007